lunes, 31 de agosto de 2015

La carne del poema. Comentario al poema.


En la cuarta y última parte del poemario Las siete vidas del gato, en la página 97, aparece este poema. Una reflexión que parece de muchas cosas pero que sólo es de una: la del saberse humano y creciendo.
Grita la mañana, la lluvia. La inocencia pasa con arreglos de nostalgia soportando la limosna del saber. En este pasar de los monstruos del miedo el llanto se acomoda en los bolsillos. Empieza a clarear. Tiempo incierto. Llueve ilusiones en las manos siempre atentas al vuelo Los ojos se acostumbran al invierno.
Una oración graba el momento, la muerte llega de puntillas.
La carne del poema se revela en el centro animal que lucha con el verbo de las horas vigilantes.


En la primera línea aparecen esos versos que hablan de la inocencia perdida, o de ese paraiso en el que los humanos estamos instalados durante muchos años hasta que la ciencia, buena por un lado, nos desnaturaliza hasta arrancarnos de esa felicidad primigenia. 
En la segunda línea continúa la reflexión de la perdida ahora contemplando el hecho mismo del miedo. La pérdida de la inocencia hace que surja el miedo Y este  se instala como parte de la gravedad de lo inseguro. Sólo el llanto de aceptarnos sirve para superar esta toma de conciencia, de la terrible consciencia del saberse humano. 
En la tercera línea y en un contexto de incertidumbre aparecen las ilusiones. Estas se situan en el momento feliz de la juventud, cuando el ser quiere volar alto.
Las dos últimas líneas son elementos que complementan la reflexión
En la quinta línea aparece la muerte. Esta es la eterna compañera. Es la oración, atenta y sencilla, la que muestra, aunque parezca paradójico, el significado vital del morir.
La reflexión sobre la carrera humana, que es en realidad de lo que trata  este poema, termina con un sentimiento de ars poética. Es el poema el continente de los verbos que desvelan ese siempre estar vigilante del ser humano


sábado, 29 de agosto de 2015

Ese infierno de lo simple.



Bajo a ese infierno de lo simple, allí donde el ruido se amortigua y el color desaparece. Y en ese lugar, donde la vida es un pulso con la necesidad, encuentro lo esencial para vivir. Las palabras saltan en un pentagrama de sonidos buscando el sentido esencial que escapa de la confusión y rompe las cegueras de la costumbre. ¿Será esto la otra cara de la emoción, la mirada limpia de las cosas? 

martes, 25 de agosto de 2015

En el archipiélago de la memoria.



Ya no cuento los días tan solo miro cómo pasan.
Dejo que las horas inunden este habitáculo
en el que vivo sin mencionarte. Imposible
no recordar los mejores momentos, estos
que se almacenan, con desorden,
en el archipiélago de la memoria.

Unas veces abro y otras cierro ese lugar
donde estás, ese rincón del ánima
que me empuja a seguir viviendo.  
Te contemplo y no te nombro. Tengo miedo
que tu imagen escape. Y en este trajín
de no querer olvidar, te haces grande.

¿Cómo amanecer sin morir un poco?
Qué fácil es morir cuando se muere sin más.
Me importa este  instante de contraluces
que la vida me regala. Basta querer lo imprescindible
sin desear imposibles en este filo invisible de la utopía
donde tú estás y te enredas, donde yo estoy y me libero.

jueves, 20 de agosto de 2015

Como si de un guionista amateur se tratara.


Montado en la delantera del carro de las compras Rodrigo divisa el supermercado como un capitán de navío desde su puente de mando. Lo pregunta todo, balbucea lo que no sabe, y señala lo que le gusta por el color. Y en su señalar apuntó una caja trasparente de muñecos para el baño. Maravillosa caja con princesa y torre, además de dos soldados, caballo y dragón. Rodrigo miraba con admiración tanto color y volumen juntos. Unos muñecos fabricados en China aunque la promotora sea valenciana y con sello de la comunidad europea. Antes de pagar la caja trasparente colgaba del brazo del chiquillo como si de un amuleto de la suerte se tratara. La pericia de la cajera hizo, sin desprender la caja de muñecos del brazo de Rodrigo, que la nota del precio pasara. 

Llegados a casa, se desprecintó la maravillosa caja liberando a los muñecos de su anonimato. Rodrigo les puso nombre a todos. Y así, vivos en sus manos, los muñecos comenzaron a moverse  por el salón construyendo  historias de princesas y dragones. Unas veces desde el sofá, otras desde los sillones, los soldados hablaban entre sí de una princesa perdida en medio de la mesa  junto a una torre a punto de caer. Después, el caballo y el dragón brincaban de la mano de Rodrigo por los bordes del televisor hasta la trona. Este les hacía   subir y bajar, como si de titanes se trataran. La cena estuvo acompañada de los soldados que, como dos vigilantes del tesoro, custodiaban el plato de la tortilla francesa. A los postres, el caballo saltó por encima del zumo de frutas que Rodrigo tomaba apretando el break. 

Ya para dormir el muchacho empuñó su oso de peluche en una mano y el caballo de sus historias en la otra. Había que salvar al menos uno de los muñecos del encierro en su caja transparente. Mañana,  ¿los muñecos  darán motivos para seguir construyendo historias? Probablemente sí, y Rodrigo se sentirá feliz, como si de un guionista amateur se tratara.

martes, 4 de agosto de 2015

Solo sé que me besas (comentario al poema)


A todos los que, como mi padre, sufren de párkinson.
No sé si los encuentros favorecen 
la tortura de esta vasija quebrada 
dejando que el sueño venza al horizonte. 
No sé.

Adán se desnuda, olvidó la manzana.
La excavadora pasa ante su puerta
colgada al ruido de la luz y de la calle.

No sé si la carne o el espíritu están preparados
para acoger este corrillo de manos. 
No sé si al creador se le olvidó soportar la vida 
dejándola a su suerte. 

No sé si escucha o se olvida 
de entender porque no oye. Realmente no sé 
si las sábanas amortajan o embozan 
esta fragilidad del campo de batalla.


Solo sé que me besas 
encendiendo un instante 
la luz de tus ojos. Después 
sigues con tu lucha ajena al creador.


(De Las siete vidas del gato. Imcrea. pág.11)



El poemario Las siete vidas del gato se inicia con unos versos surgidos de la reflexión ante la imagen imponente de mi padre que, día a día, se deterioraba en su movilidad.

La primera estrofa, más que una afirmación, es una pregunta ante el hecho de ver sufrir a alguien que tomaba conciencia de como sus hijos percibíamos su decrepitud. La expresión la tortura de esta vasija quebrada indica, sobradamente, esta situación.  En realidad, no deja de ser un tormento verse morir pero más que los demás te vean en semejante estado. Hay que decir sin pudor que estas son reacciones propias de los seres humanos cuando al pensar su razón le dicta el hecho de  la vida sin admitir lo contrario. La tercera y la cuarta siguen en la misma línea de incertidumbre.

En la tercera estrofa hay dos partes. Los dos primeros versos se refiere a ese momento en el que  la demanda de ayuda, espirituales o no, empuja a múltiples respuestas: corrillo de manos. Los dos últimos versos es una protesta existencial que media entre el agnosticismo y la rabia del creyente defraudado. Los primeros versos de la cuarta estrofa continúan narrando poéticamente la protesta ante esta creación en la que los dioses juegan con los humanos y es el fatum el protagonista. Es como si las divinidades se hubieran olvidado de su creación. Los últimos versos de esta estrofa indican la situación del lecho hospitalario como un campo de batalla.Tanto en una, como en la otra, estrofa las expresiones y metéforas vienen a ser una forma amable de suavizar el drama de la fragilidad, de los últimos momentos de la vida.

La quinta estrofa, con ese tono amatorio, subraya el momento de lucidez que todos los enfermos tienen en su fase agónica, así como su descenso a la situación del coma irreversible. Posiblemente no tendría que haber escrito este poema de no tener esta quinta estrofa que resuelve las incertidumbres en una afirmación contundente: enciendes la luz de tus ojos. Este instante vale por todos haciendo que el dolor de la muerte no termine en un duelo absurdo sino en esa afirmación de lucha  por encima y más allá de las debilidades del ser humano.

domingo, 2 de agosto de 2015

Un juego de ballenas y peces imaginarios.



Rodrigo ha comenzado sus primeras clases de natación. Una experiencia que le devuelve a la primera sensación, a la memoria inicial. Ahora tiene que saltar, zambullirse y dejarse llevar por la corriente blanda. Las palabras sobran en esta emoción contenida mientras pies y manos flotan. No le ha costado mantener el equilibrio mientras apretaba unos patos de juguete. 

Todo es diferente para él en esta nueva aventura donde las palabras andar, estar de pie, apoyar no tienen el mismo significado. Otro punto más en ese ir rellenando las páginas de su historia. Rodrigo aprende rápido. Toda su atención está en el juego de ballenas y peces  imaginarios que va introduciendo en su cielo particular. Ríe, habla, llora, sus movimientos son rápidos en esa piscina que le lleva a su mar primero. 

Es un regalo verle como mira los bordes donde puede “atracar” para recoger nuevos juguetes. Va de un lado a otro, sin punto fijo, como quien traza el boceto de una vida sin ordenar. Rodrigo descubre esta nueva emoción que se le pega a la piel y le envuelve, el abrazo de un elemento que no le es ajeno. Otro motivo para soñar, otra referencia para  crecer sintiendo la gratuidad de lo que le rodea


MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto