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Los demonios del trabajo
no impidieron el café.
Hacía calor, el ruido
del motor aceleraba la mañana
en un frenético impulso
que solemnizó el instante.
Bastó un segundo
para retomar las ausencias, otro
para volver al anonimato.
Cómo contar las caricias,
cómo dibujar los besos
en este tránsito imperfecto.
El tiempo, el maldito tiempo
se coló a gatas
en el recuento de los días.
Fechas de cumpleaños,
libros por escribir,
pensamientos bajo la piel.
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