viernes, 12 de octubre de 2018

Presencias.



LA CLARIDAD respira bajo los toldos. Me asombra cómo los ruidos ceden su lugar a la calma, el ímpetu al sosiego. Jasón traza existencias en este intermedio del día. No hay naufragios sino restos de él. La tranquilidad de las formas se suspende en una espesa luminaria que lo envuelve todo. No hay miradas de horizontes, todo se contiene en mí, caja de Pandora, quemando las desganas del mediodía. En el aire, una especie de derrota que anula el sabor del deseo. Solo la luz salva el color de las cosas dejándolas existir sin adjetivos. Y en todo esto, siento que no me pertenezco y que nada está perdido.

A CLARIDADE respira sob os toldos. Espanta-me como os ruídos dão lugar à calma, o ímpeto ao sosego. Jason desenha as existências neste meio do dia. Não há naufrágios, mas restos dele. A tranquilidade das formas é suspensa em uma luminária grossa que envolve tudo. Não há olhares de horizontes, tudo está contido em mim, caixa de Pandora, queimando a relutância do meio-dia. No ar, uma espécie de derrota que anula o gosto do desejo. Apenas a luz salva a cor das coisas, permitindo que elas existam sem adjetivos. E em tudo isso, sinto que não me pertenço e que nada está perdido.



( De Trazando presencias. [Otras notas.]

lunes, 8 de octubre de 2018

SONIDOS EN EL TRASTERO




                        Bajo al cuarto de los trastos viejos.

He abierto la puerta del trastero.
Encuentro el olor del abandono,
fragmentos del recuerdo
embalados en cajas de cartón...

Cuánta indiferencia guardan estos muros.
Cuánto agridulce de tardes nubladas,
junto a los agobios de otras primaveras,
mezclados, sin misericordia,

con la prisa de las mañanas.


He cerrado la puerta  hasta sepultar el pasado
en la húmeda oscuridad del cuarto
de los trastos viejos.

En el último instante
quise atrapar
el sonido de la quimera. Pegué el oído
a la puerta. Sólo escuché el latido
del corazón sobre la plancha metálica

y el suave rumor de la bomba del agua.



REFLEXIÓN a propósito del poema

LAS ANTÍPODAS. NOTA 2


            Bajar al trastero es directamente proporcional al lugar donde habito. Las antípodas son el paralelo perfecto para recordar la redondez del equilibrio. Es como bajar a los lugares estrechos de la memoria en un acto de modestia que las ansias de vivir no siempre te permiten. Cuánto tiempo se tarda en reconocer que el cuerpo se hace nada en el descenso. Se deshace. Porque bajar supone abrir la puerta que no se quiere y la carne te reclama y el espíritu se rebela. Cuánto abandono se puede descubrir en ese punto interior, oscuro con el que no quiero toparme. No hay misericordia en estos encuentros. No es fácil abrir la puerta de este trastero que almacena la sombra de lo que soy. Qué rápido late el corazón cuando te acercas al punto cero. Porque la agonía de saberte es la angustia de morirte en cada espacio afirmado. 
                Y al bajar se abre la puerta con miedo, como esa que tenía aquel preso que olvidó el color  del  cielo. Cuántos trasteros esperando abrirse, cuántos por cerrar. Los sonidos se acumulan en una extraña sinfonía. Sonidos del tiempo, de todas las tardes que tienen nombre y se esconden y se confunde con el motor del agua, o con los perros callejeros. Bajar no es una aventura es el movimiento de los graves que buscan su centro, el punto negro, que después se olvida. Porque las tardes tienen ese sentido pasajero que terminan por dejar tu perfume prendido en el revés de las manos. 
                   Bajar a este o a cualquier trastero con la lentitud líquida de los minutos que permita el cálculo exacto de las distancias que median entre los ojos y los dedos, entre la palabra y la cara oculta de la luna.



jueves, 4 de octubre de 2018

sombras.






De vez en cuando, descubro señales en las sombras.
Un mínimo de luz, capaz de desvelar el punto de misterio.
Señales que me hablan de ti,de las mentiras del tiempo,
de la inquietud abortada, de los deseos, de la ilusión,
de los cansancios, del perdón. Te busco.
Cuando creo descubrirte
desapareces en las sombras. Y te sueño
en el leve resplandor de este instante.

LA BÚSQUEDA

La imagen puede contener: cielo, nubes, exterior y naturaleza

LA BÚSQUEDA es un encuentro en el vacío.
Hay tanta desdicha en el camino. 
Tengo miedo a rozar el hartazgo del vencido; 
temor a los que venden sus manos
a cambio de una caricia. 
Desconfío de los mansos 
y sus protestas. Alzan la voz. 
La injusticia continúa.

                           Duele la miseria.


Cuando la vida huye de lo simple 
y baña el ánimo de miedo, 
todo se vuelve extraño al ser. 
Las voces resultan ajenas.

                           Duele el coraje al ritmo de cada otoño .

No quiero esconder bajo al barro 
la gravedad de los sueños. Quiero vivir 
sin forzar los silencios,  dejar a la palabra 
su razón y a los impulsos, su momento.

                            Duele la carne en este naufragio de vivos.

En el espacio breve de los días, cansa responder 
al eco de los muros, a los discursos de siempre, 
a la lucha inútil de ser perfecto, al ego sin mácula,
a la estupidez del orgullo, a la soberbia de saber.

                             Duele este ser de alas rotas. Duele amar.


ES DIFÍCIL mantener el rumbo
cuando los ojos se abren
a la inquietud sin adjetivos
y a la súplica, sin máscaras.

(Movimiento de lo absurdo. p. 55/56)

martes, 2 de octubre de 2018

Todo fluye




















Todo fluye en medio de esta  confusión de las horas / mientras  la vida deambula  en ese horizonte donde aflora, leve, la agilidad de  los días. Todo se vuelve  lucha de contrarios/ en corriente  suave e  impetuosa a un tiempo. Todo fluye en esta gravedad transparente y desnuda / de la vida, donde primero fue el agua.

 ( En Todo fluye (I) pg. 21)

lunes, 1 de octubre de 2018

Tu memoria sigue viva en mí.





NO SÉ cuántos días, años, han pasado desde la última vez que cogí tu mano, madre. No sé cuánto tiempo hace que te miraba, mientras dormías, en aquella habitación, la 112 del hospital. Sé lo que te dije mientras acariciaba tu mano. Recé contigo, como a ti te gustaba rezar. Por un momento, sentí volver a mi manera de ser creyente. No pronuncié palabra tan solo repetía de memoria la oración de siempre.
Te pedí perdón, por las palabras que nunca te dije y por todos los abrazos que no te di. Sé que me perdonaste, como otras veces hiciste. Para ti, todo lo que hacía estaba bien hecho, nunca una pregunta, ni por curiosidad. Siempre había una disculpa, un estar por encima de los enfrentamientos.  

Mamá, el gesto de rozar tus mano me hizo recordar las veces que ellas me cuidaron cuando lo necesité, eran las mismas manos que zurcieron mi ropa. En esos momentos, mientras acariciaba tu piel surcada de heridas, repasé todos los síes y los “está bueno” que me decías. 

Cuanto amor en tu manera de ser. Siempre en un segundo plano, coqueta y con tus abalorios, pero sin destacar. Tardará mucho tiempo para que se me borre la impresión de  esos últimos momentos, a tu lado. Intuía que eran los de una irremediable adiós. Ya no había vuelta atrás. 

Gracias madre por enseñarme el lado positivo de la vida. Tu memoria sigue viva en mí, haciéndome mejor.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Soledad



Solo el remanso de esta soledad, solo él, 
me cuenta historias sin héroes ni princesas. 
Un  tiempo sin encuentros que habla 
de abrazos que no fueron; del silencio 
de la  creación;  de una tierra que me invade.

Soledad, continente de brisa 
que me insinúa el afán de otro universo
que juega a ser cielo. 

Aladas historias que desvelan 
otros paisajes, sin héroes ni princesas, 
en este fluir de agua y amapolas.


( III Nada permanece. pg. 53)

martes, 25 de septiembre de 2018

Estoy...

           
   

                                                                                                                Punto de fuga,    
                                                                                                                un punto impropio, 
                                                                                                                situado en el infinito. 

Estoy donde la inercia del orden
tiene forma de nube y el horizonte
se mezcla con la piel del agua
y el infinito, con el límite de los sueños.

             Como un punto, soy tierra que huye, soledad  
             que reclama el grito del oeste. 

Estoy ahí, ante este universo que cambia
bajo ese nudo del aire que limita las orillas
de los ojos.

               Un punto, donde mi alma contempla 
              la inmensidad de la mañana 

Estoy
donde el color no es agua 
ni tierra, sino tiempo
en los labios del alma.

           Un punto, hecho silencio 
            en el vértice de mi ser. 



MIS VISITAS AL MUNDO

MIS VISITAS AL MUNDO
Tiene Lisboa sonidos de agosto