viernes, 10 de agosto de 2018

S.O.S. ÁFRICA


                 A la gente buena que sabe que estamos de paso
                 y lucha por los desheredados


Cuando la vida se ahoga en el mar de Alboran y los sueños se hunden 
en los límites fronterizos de las islas del Egeo, SE NOS OLVIDA 
que hace mucho tiempo fuimos a dividir sus casas, a robar sus tierras, 
a enseñarles otra  lengua para pedir ayuda y negociar egoísmos. 
Cuando la vida no vale más que el interés de una mafia de patera 
y el color marca la distancia con el corazón de los hartos 
y le negamos el pan que por justicia les pertenece, SE NOS OLVIDA 
que explotamos sus tierras, que separamos lo mejor de cada casa 
para trabajar en las plantaciones de tierras extrañas.

Cuánta desmemoria que nos hace decir que nos invaden 
cuando fuimos nosotros quienes les invadimos; 
cuánta desmemoria al comentar, sin pudor, que ocupan nuestros hogares, 
cuando antes fuimos a robarles a sus hijos y ponerlos en barcos de negreros 
camino a las tierras de América; 
cuánta desmemoria al expresar, sin saber bien lo que decimos, 
que vienen a cobrar nuestras pensiones,  
cuando antes les robamos todo lo que pudimos 
dejándolos a su puta suerte.


Cuando la vida de África, esas tierras sin frío que los griegos llamaban, 
permanecía tranquila entre sus mandiocas  y maizales, 
en medio de bananos y cocoteros, SE NOS OLVIDA 
que los europeos llegamos allí al reclamo de fácil riqueza, 
del oro, y del petróleo, del cobre y los diamantes. Sí,  OLVIDAMOS 
que fuimos nosotros quienes, como crueles dioses, 
cuartearon a escuadra sus tierras, dejando en sus paraísos 
guardianes a sueldo que  imprimieron castigos.

Cuánta desmemoria en Europa, cuánto egoísmo del hombre 
convertido en alimaña para los otros, cuánta miseria en el alma 
que olvida fácilmente lo que siempre hemos sido 
unos extranjeros en tierra de nadie, unos privilegiados 
a costa de otros. OLVIDAMOS 
y no hay bondad que arregle nuestros olvidos, 
ni justicia que nos recuerde 
que somos lo que otros han querido que seamos.



Cuando la miseria de los desheredados de África, 
la vemos deambular cargados de baratijas por las playas 
de nuestro descanso o vender, de forma furtiva 
en rotas mantas de algodón, en nuestras plaza de paseo, SE NOS OLVIDA 
que fuimos nosotros quienes vaciamos sus despensas 
para llenar las nuestras, separamos a sus familias 
con el prurito infame del negocio 
y les encargamos hacia dónde mirar 
y dónde no vivir.

No hay política ni religión capaz de llenar las plazas 
protestando por las guerras que provocamos los europeos 
con nuestra venta de armamento, con nuestros sucios trapiches 
consintiendo que los poderosos sigan saltándose la ley. 
Nadie, con poder, permitirá que nos duela el dolor de África 
y por el contrario llenará nuestros estadios deportivos 
de corredores, rápidos como gacelas, 
solo ahí dejamos que el color sea un distintivo agradecido.


Maldito el hombre que reniega del hombre, 
maldita la tierra que niega el asilo a los desheredados, 
maldito seamos en nuestras infamias, 
prostituyendo nuestra forma solidaria de actuar. 
Maldito seamos cuando desde nuestra mesa puesta 
olvidamos al que no la tiene. Malditos, 
que como raza de Caín, seguimos mirando al cielo 
provocando el infierno aquí.

domingo, 29 de julio de 2018

MOMENTOS DE MAR. VARIACIONES



1
Basta un trozo de mar, un punto de luz para que el recuerdo 
aquiete la zozobra del instante. Solemne claridad que disipa 
el vértigo de la pérdida. Feliz momento, en estas sílabas 
del día, cuando descubro que tú no estás 
al otro lado.

2
A veces dejo que su fuego queme 
ese rastro de bestia domesticada 
que me obliga a pensar lo que no quiero. 
Qué difícil es arrancar la pátina 
que oculta el animal que, a veces, 
desea fundirse con la naturaleza. 

¿Dónde dejé la intuición? 
¿Dónde oculté, con normas, 
esa forma sencilla de ser? 

A veces, solo algunas veces 
y por descuido, dejo 
que el fuego abrase 
la herida del tiempo 
y cure al hombre 
que busca  el Paraíso.


3
Cuando te fuiste 
quise mantener tu calor 
pero no fue igual. 
Me abrasa tu ausencia 
me destruye 
esta forma de estar.

4
Te desvelas con el grito africano 
de la luz y del dolor. Amaneces 
en el tibio despertar de los deseos 
que se vuelve abrazo...

5
En carne viva, el verso desnuda la roca, 
besa las nubes que traen aliento africano. 
Hay perdón en el aire, esperanza, 
en el color gris de la mañana -ya amanecida. 
Al descarne le sigue el trajín cotidiano, 
una forma de vivir sin vuelta atrás. 

En la radio, noticias 
de fronteras y migrantes, 
de ricos y desheredados.

6
Reflejo del mar, cristal quebrado 
de arena y viento. Norte de la luz
a merced de las miradas.
Reflejo del alma, 
desprotegido de verbos, 
que añora el infinito.

7

Allí el mar, el poema malherido, roto. 
Aquí, versos de piedra, de corales grises, 
que besan el cielo en cada charco.
Imperturbable y lenta la luz, 
ese abrazo horizontal, que levanta 
el telón de la mañana. 

Una bandada de gaviotas, 
que vuelan hacia el oeste, 
dibuja surcos azules en el aire.


8

Te vas a ritmo de olas donde el misterio 
se hace vigilia, ahí donde el dolor tiene fronteras, 
y la esperanza es un imposible.


9

Olas, ola,
gesto bisílabo del agua
que acaricia la luz.
Risa torpe de mar,
trazo verdiblanco que libera el ser del rincón incierto del alma.


10

En este tránsito de nubes y agua, 
en este infinito verdiblanco de mareas, 
creces. No tienes límites, 
aunque la razón te señale el punto final.

Acotan sin pudor tu piel blanda, 
reducen las entrañas de ese oleaje del alba. 

Te contemplo sin saber 
cómo acariciar tanta belleza. 
Me sobrepasa este vértigo de no saber...



Pasiones del verano.


La imagen puede contener: cielo, nubes, exterior, naturaleza y agua

1
Basta un trozo de mar, un punto de luz para que el recuerdo 
aquiete la zozobra del instante. Solemne claridad que disipa 
el vértigo de la pérdida. Feliz momento, en estas sílabas 
del día, cuando descubro que tú no estás 
al otro lado.

2
A veces dejo que su fuego queme 
ese rastro de bestia domesticada 
que me obliga a pensar lo que no quiero. 
Qué difícil es arrancar la pátina 
que oculta el animal que, a veces, 
desea fundirse con la naturaleza. 

¿Dónde dejé la intuición? 
¿Dónde oculté, con normas, 
esa forma sencilla de ser? 

A veces, solo algunas veces 
y por descuido, dejo 
que el fuego abrase 
la herida del tiempo 
y cure al hombre 
que busca  el Paraíso.
3
Cuando te fuiste 
quise mantener tu calor 
pero no fue igual. 
Me abrasa tu ausencia 
me destruye 
esta forma de estar.

4
Te desvelas con el grito africano 
de la luz y del dolor. Amaneces 
en el tibio despertar de los deseos 
que se vuelve abrazo...

5
Frágil, como un castillo de arena...

6
En carne viva, el verso desnuda la roca, 
besa las nubes que traen aliento africano. 
Hay perdón en el aire, esperanza, 
en el color gris de la mañana -ya amanecida. 
Al descarne le sigue el trajín cotidiano, 
una forma de vivir sin vuelta atrás. 

En la radio, noticias 
de fronteras y migrantes, 
de ricos y desheredados.

7
Reflejo del mar, cristal quebrado 
de arena y viento. Norte de la luz
a merced de las miradas.
Reflejo del alma, 
desprotegido de verbos, 
que añora el infinito.




8
Allí el mar, el poema malherido, roto. 
Aquí, versos de piedra, de corales grises, 
que besan el cielo en cada charco.
Imperturbable y lenta la luz, 
ese abrazo horizontal, que levanta 
el telón de la mañana. 

Una bandada de gaviotas, 
que vuelan hacia el oeste, 
dibuja surcos azules en el aire.


9
Te vas a ritmo de olas donde el misterio 
se hace vigilia, ahí donde el dolor tiene fronteras, 
y la esperanza es un imposible.
10
Olas, ola,
gesto bisílabo del agua
que acaricia la luz.
Risa torpe de mar,
trazo verdiblanco que libera el ser del rincón incierto del alma.

11
(Después de ver la foto de los niños de Birmania)

Como un faro inútil en medio de la claridad, como un guía estúpido ante los sabios, como nadie entre la gente, minúsculo, nada, queriendo arreglar lo que no puedo. Así me siento y no puedo evitar la confesión aunque esta sea un grito sordo, desde este lado de los hartos, donde todo es posible.
Me duele la miseria egoísta de mi mundo que no tiene ojos ni oídos para atender el sufrimiento de los otros.
Desde dónde hablo, desde qué lugar escribo? Tengo ganas de llorar y unirme al llanto real de quienes no tienen horizonte, ni cielo ni mar de playas tranquilas.
Quiero romper la lírica del verso y alzar la voz, quemar todos los poemas que no saben ni han sabido denunciar el sufrimiento del otro medio mundo.
Soy consciente que este gesto no arregla nada y que a la postre no soy más que una partícula insignificante entre la muchedumbre dolorida.
12

Ata los sacos llenos de muñecos de plástico. Barato, barato, repite- con estribillo cansino- el muchacho de ojos tristes. Muñecos, pingüinos de colores. Pingüinos en estas latitudes de 40 grados a la sombra. Barato, barato, vocifera con voz cansada. Ata y desata la mercancía, como si le fuera la vida en ello. Entre sus dedos escapan los paisajes del Magreb. Barato, barato, la voz se pierde entre las olas de un mar revuelto de este día gris. Es un jueves de junio recién estrenado el verano. Barato, barato. Ata y desata...


13

En este tránsito de nubes y agua, 
en este infinito verdiblanco de mareas, 
creces. No tienes límites, 
aunque la razón te señale el punto final.

Acotan sin pudor tu piel blanda, 
reducen las entrañas de ese oleaje del alba. 

Te contemplo sin saber 

cómo acariciar tanta belleza. 
Me sobrepasa este vértigo de no saber...


( Este poema, sin título y con enumeración, es en realidad una manera de apuntar Trece miradas junto al mar.)

domingo, 15 de julio de 2018

Donde el misterio anida



Desde este rincón del alma, 
en la búsqueda de lo simple,
de la vida que brota 
inesperadamente. 

Desde este espacio secreto 
donde el misterio anida, 
desde ahí 
te contemplo.


La sorpresa de lo humano




Tu balbuceo de las letras 
hasta arrancar el secreto mágico de las palabras, 
tu mirar la vida entre la sorpresa y el misterio 
que nos hace crecer y embarga. 

Tu susurrar vocales hilvanando consonantes 
en una batalla permanente de letras 
que libera las frases, 
ese descubrir el secreto del orden, 
la lógica del pensamiento, 
tu emoción al vivir 

y soñar mundos mejores.

MIS VISITAS AL MUNDO

MIS VISITAS AL MUNDO
Tiene Lisboa sonidos de agosto