domingo, 31 de julio de 2011

Frente al océano.




Da las doce en el reloj de carillón. Taxistas y transeúntes se abalanzan sobre el pavimento que asfixia la belleza del entorno. Unas palmeras aligeran la brisa sobre la explanada. Entre la gente y la prisa una mole de ventanas y columnas; un palacio varado en medio de la plaza, frente al océano. Su arquitectura afila sus ventanales con las farolas del entorno. En el centro, la gran logia, como un ojo gigante, sueña discursos infinitos aplaudidos por las pilastras blancas que cuelgan de las cornisas. Y acunándose con "modorrez", en el aire despistado de la mañana,el gesto patrio de las banderas. Nada que decir cuando todo está en su sitio.

miércoles, 27 de julio de 2011

Monstruos de hormigón y acero




Tenían las nubes ese aspecto de calma chicha, de sordina, arropando todos los ruidos del muelle, ajenas al tránsito que ahogaba su dolor en los arcos de agua de la fuente. En las aceras del puerto los sonidos se agolpan, despejando la emoción de otros rincones. En el muelle, no hay despedidas ni miradas de enamorados, sólo monstruos de hormigón y acero, robots amenazadores que abren las entrañas de los barcos. Una brisa despliega perfumes anónimos que arden en las esquinas. Bajo las palmeras se cuelgan los agudos lenguajes de las gaviotas. Abajo, solo, en medio de un infierno de granito, un perro ladra, reclamando su comida. Tras las verjas las prisas, esas prisas que le dan nombre a la calle y borran la emoción de lo humano. Detrás de las fortalezas flotantes la magia del océano-mar.

martes, 26 de julio de 2011

En sus ángulos absolutos



Tras los muros, se siente el sufrimiento de los otros. Mar y angustia en una batalla que no termina. Nada amortigua el dolor de las esperas en medio del caos. Todo se vuelve complejo, tras los macizos perfiles de piedra. Sobrevivir, la consigna en los ojos de todos. Y después del ruido de las armas, el silencio, el brutal silencio que deja el amargo dolor del alma.
Las murallas siguen ahí, descansando en sus ángulos absolutos. Alrededor, se mantiene el eco del sufrimiento y la fragilidad del tiempo, incapaces de borrar la huella de miradas prisioneras.

Como la plata...



Estando en Chiclana y no conociendo Cadiz hubiera sido imperdonable habernos venido a Badajoz sin acercarnos a la llamada "tacita de plata"



Nos impresionó sus murallas. Algunos rincones nos recordaban las murallas de Badajoz construidas bajo el mismo diseñador Vauban y en la misma época. El autobús nos dejó en la plaza de Sevilla. Cerca estaba el punto de información y turismo.



Nunca entendí por qué a Cadiz le llamaban la "tacita de plata". Después de un paseo por esta ciudad me he dado cuenta que la mayoría de sus grandes edificios están decorados con piedra calcarea, y con granito.Estos materiales generosos brillan con esa infinita luz de la bahía provocando en el ambiente un especial color, como de plata. A esto hay que añadir que los gaditanos pintan las paredes de sus casas con cal blanca permitiendo que la luz se acune en las calles.






La plaza de San Juan de Dios, donde está el Ayuntamiento, es magnífica. Abierta al mar-océano recoge los sonidos de otras tierras. Frente al muelle es una de las plazas de gran tránsito.



Camino de la Catedral pasamos junto al barrio del Populo.
























Después de visitar esta zona de la Catedral en el barrio de San Juan nos dirigimos al Mercado Central. Inevitable no toparse con una "plazoletita", muy coqueta y concurrida, la Plaza de Las flores.



Al entrar en el Mercado Central, de planta rectangular y flanqueado por columnas dóricas, se tenía miles sensaciones todas ellas agradables. No importaba el calor y la sed que en estos momentos del mediodía ya teníamos.



Se imponía reparar fuerzas en uno de los restaurantes de los alrededores del Mercado.



Desde aquí, pasando por el simpático barrio de Las Viñas nos fuimos a ver el castillo de Santa Catalina. Un barrio con anuncios particulares.





Salimos de este barrio admirando ejemplares de rododendros como este. Una sombra salvadora de un calor asfixiante, como el que en esos momentos hacía.




La playa de la Caleta, abarrotada de gente, ofrecía una vista generosa de ese océano que rodea la ciudad.



En su paseo no dejaba de haber muestras de arte moderno dando idea de una ciudad cosmopolita.



La portada del Castillo de Santa Catalina, hoy un lugar de exposiciones varias que merece la pena visitar.









Del castillo de Santa Catalina salimos en dirección al Parque Genovés antes de adentrarnos, otra vez, en la ciudad. Un parque enorme, bien cuidado que nos repuso de la marcha que llevábamos, de ese practicar el "difícil oficio" de turista.



A pesar de todo, pasando por la plaza del Mentidero no pudimos evitar tomarnos un helado en un espacio con aire acondicionado. La vocación turística hay que tomársela con calma.



Para llegar al Museo de Bellas Artes atravesamos la insigne plaza de San Antonio, lugar que vio corretear al escritor Pemán






El Museo de Bellas Artes en la Plaza de las Minas, es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad.






La plaza de San Francisco, otra de las plazas de la ciudad por la que la gente deambula con esa tranquilidad propia del que no tiene prisa y está a gusto con lo que hace.








Otro lugar donde recabamos fue en la Santa Cueva, un espacio propio del romanticismo religioso del siglo XIX. Una capilla que merece la pena visitar, independientemente de sentimientos religiosos. Goya y Hayde son los artistas que están presentes en este lugar.



Desde aquí a la calle Ancha no había mucho trayecto. Una calle representativa de la aristocracia del XIX, una calle donde está la casa del músico Falla.



Llegar hasta la plaza de España era obligado para ver el gran monumento a "la Pepa", la Constitución de 1812





Hay que anotar, de forma destacada, que en esta ciudad, y en toda la bahía, nos hemos encontrado con la Amabilidad y simpatía de su gente,algo más que con playas y edificios hermosos.

domingo, 17 de julio de 2011

Atardecer en La Barrosa. Chiclana de la Frontera



Espacios donde la luz agranda las formas
y las sombras huyen buscando rincones
donde poder morir, lejos de miradas indiscretas.

En el horizonte, rostros anónimos ajenos
a la fuerza salvaje del agua.





Huellas, siempre las huellas
enfrentando el horizonte y la luz.

Las huellas de otros territorios,
de otros sufrimientos,
de otras voces, de otros amores,
de tristezas, de alegrías soportadas.




Las aves diseñan la figura del sol con himnos
De vientos que hablan de deseos, de noches,
de madrugadas eternas.

Se hace el silencio
en este espacio de luz
donde la palabra es un gesto
de agua.




Me asombra esta belleza eterna
del agua haciéndome cómplice
de los secretos del viento.





Atardece dejando el alma colgada
a esa línea de horizonte,
donde la palabra es incapaz
de dibujar el asombro musitado en este borrador de versos.

jueves, 7 de julio de 2011

rozando alas






Era de noche, esa hora bruja de enamorados
cuando sus pasos se confundieron con mi voz.
Palabras y deseos rozando alas
de ángeles guardianes.

Y se dio el encuentro
en ese punto de fronteras donde el rellano
no es casa y la casa deja de ser hogar,
en ese lugar de nadie y de todos.

Se olvidaron las angustias,
en los ojos había perdón,
un querer escribir en los trozos rotos
de las horas perdidas.

Y la caricia curó las ausencias. Un regalo,
a punto de la media noche, la hora bruja
cuando las voces se vuelven susurros
y las manos giran al compás del corazón
.




Por fin la gata apareció después de haber tenido una aventura entre los muebles del vecino del quinto. Primero, el silencio; después la caricia de los niños; para terminar, luego, a escobazos por la chica del servicio que, sin piedad, la espantó de aquella casa. Eran las 11, 45 cuando los maullidos respondieron a la llave de la puerta.

MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto