martes, 26 de julio de 2011

Como la plata...



Estando en Chiclana y no conociendo Cadiz hubiera sido imperdonable habernos venido a Badajoz sin acercarnos a la llamada "tacita de plata"



Nos impresionó sus murallas. Algunos rincones nos recordaban las murallas de Badajoz construidas bajo el mismo diseñador Vauban y en la misma época. El autobús nos dejó en la plaza de Sevilla. Cerca estaba el punto de información y turismo.



Nunca entendí por qué a Cadiz le llamaban la "tacita de plata". Después de un paseo por esta ciudad me he dado cuenta que la mayoría de sus grandes edificios están decorados con piedra calcarea, y con granito.Estos materiales generosos brillan con esa infinita luz de la bahía provocando en el ambiente un especial color, como de plata. A esto hay que añadir que los gaditanos pintan las paredes de sus casas con cal blanca permitiendo que la luz se acune en las calles.






La plaza de San Juan de Dios, donde está el Ayuntamiento, es magnífica. Abierta al mar-océano recoge los sonidos de otras tierras. Frente al muelle es una de las plazas de gran tránsito.



Camino de la Catedral pasamos junto al barrio del Populo.
























Después de visitar esta zona de la Catedral en el barrio de San Juan nos dirigimos al Mercado Central. Inevitable no toparse con una "plazoletita", muy coqueta y concurrida, la Plaza de Las flores.



Al entrar en el Mercado Central, de planta rectangular y flanqueado por columnas dóricas, se tenía miles sensaciones todas ellas agradables. No importaba el calor y la sed que en estos momentos del mediodía ya teníamos.



Se imponía reparar fuerzas en uno de los restaurantes de los alrededores del Mercado.



Desde aquí, pasando por el simpático barrio de Las Viñas nos fuimos a ver el castillo de Santa Catalina. Un barrio con anuncios particulares.





Salimos de este barrio admirando ejemplares de rododendros como este. Una sombra salvadora de un calor asfixiante, como el que en esos momentos hacía.




La playa de la Caleta, abarrotada de gente, ofrecía una vista generosa de ese océano que rodea la ciudad.



En su paseo no dejaba de haber muestras de arte moderno dando idea de una ciudad cosmopolita.



La portada del Castillo de Santa Catalina, hoy un lugar de exposiciones varias que merece la pena visitar.









Del castillo de Santa Catalina salimos en dirección al Parque Genovés antes de adentrarnos, otra vez, en la ciudad. Un parque enorme, bien cuidado que nos repuso de la marcha que llevábamos, de ese practicar el "difícil oficio" de turista.



A pesar de todo, pasando por la plaza del Mentidero no pudimos evitar tomarnos un helado en un espacio con aire acondicionado. La vocación turística hay que tomársela con calma.



Para llegar al Museo de Bellas Artes atravesamos la insigne plaza de San Antonio, lugar que vio corretear al escritor Pemán






El Museo de Bellas Artes en la Plaza de las Minas, es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad.






La plaza de San Francisco, otra de las plazas de la ciudad por la que la gente deambula con esa tranquilidad propia del que no tiene prisa y está a gusto con lo que hace.








Otro lugar donde recabamos fue en la Santa Cueva, un espacio propio del romanticismo religioso del siglo XIX. Una capilla que merece la pena visitar, independientemente de sentimientos religiosos. Goya y Hayde son los artistas que están presentes en este lugar.



Desde aquí a la calle Ancha no había mucho trayecto. Una calle representativa de la aristocracia del XIX, una calle donde está la casa del músico Falla.



Llegar hasta la plaza de España era obligado para ver el gran monumento a "la Pepa", la Constitución de 1812





Hay que anotar, de forma destacada, que en esta ciudad, y en toda la bahía, nos hemos encontrado con la Amabilidad y simpatía de su gente,algo más que con playas y edificios hermosos.
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