domingo, 31 de julio de 2011

Frente al océano.




Da las doce en el reloj de carillón. Taxistas y transeúntes se abalanzan sobre el pavimento que asfixia la belleza del entorno. Unas palmeras aligeran la brisa sobre la explanada. Entre la gente y la prisa una mole de ventanas y columnas; un palacio varado en medio de la plaza, frente al océano. Su arquitectura afila sus ventanales con las farolas del entorno. En el centro, la gran logia, como un ojo gigante, sueña discursos infinitos aplaudidos por las pilastras blancas que cuelgan de las cornisas. Y acunándose con "modorrez", en el aire despistado de la mañana,el gesto patrio de las banderas. Nada que decir cuando todo está en su sitio.
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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto