lunes, 1 de agosto de 2011

La huella de mil rostros




Barrio del Pópulo, de calles estrechas y elegantes, de balcones adornados con geranios, lleno de sueños y risas, camino de la Catedral. Miradas y cornisas conforman la ilusión de las paredes. En las puertas, de serenas aldabas, aparece la huella de mil rostros. Un olor a fritos, a pescado en adobo, recorre la calle. Todo es un combinado de sorpresas que se descuelgan por los tejados y las farolas. No hay bullicio hay gente con sonrisa puesta, con aderezos de domingo, con ganas de pasear en el tiempo detenido de las entrecalles. Los pasos se amortiguan en los limpios acerados, guardando el cansancio bajo las grietas de las esquinas. Nada se interrumpe en este viaje de sensaciones cuando la calle se estrecha en forma de arco, abriéndose a otros perfiles citadinos lleno de torres y cúpulas radiantes.

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Tiene Lisboa sonidos de agosto