jueves, 11 de agosto de 2011

Una sinfonía multicolor...





El bullicio resbalaba por las columnas dóricas del rectángulo envolvente del Mercado Central. Los olores se confundían con las voces y las risas con el juego de los niños a la sombra de los soportales. Un mayúsculo espectáculo que se vive por instantes con intensidad. Nunca se repite esta emoción de la mercadería en esta gran plaza de abastos, por muchas veces que entres. Siempre es distinta. Los mandiles mojados de los pescaderos parecen sedas albergando gotas de mar; las manos gruesas de los carniceros tienen la dureza de las vigilias del mercado; la sonrisa de las vendedoras de fruta remeda el olor de la albahaca. Carniceros, especieros, todos en una sinfonía multicolor dan calidez al paisaje de mañana en este Mercado Central. En el suelo retumba el traqueteo de los camiones junto a las pisadas inseguras de obreros soñolientos a punto de descolgarse de una cuerda invisible que les maneja en el ajetreo. Nada amortigua el hambre que, en este punto de las dos del mediodía, se acelera ante tanta maravilla comestible. Cuando dejamos el recinto algo de misterio se pegó a las espaldas, volver el rostro daba angustia. Mejor mantener este sabor de los olores en la retina de los ojos y en la memoria.
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Tiene Lisboa sonidos de agosto