domingo, 3 de junio de 2012

El árbol de la vida




Cómo alcanzar el otro lado, esa cara oculta
que media entre la noctámbula y el día
Cómo descubrirte en el deseo del imposible.

Solo había caminos, largos y sinuosos caminos
que abrazaban la angustia de las pérdidas,
y la sonrisa del encuentro, de todos los encuentros.

Y alcancé la meta, la sorpresa y el asombro
ese no saber si es ficción la realidad. Solos
los dos, bajo el árbol, a la sombra de la vida,

de esa realidad que nos conmueve, debajo
de lo que quiere morir  y nos atrae.

El abrazo y los besos nos protegieron
de la inseguridad de los caminos,
de las dudas, de todas las dudas,
de los imposibles.

Y la caricia nos llevó a la magia de lo cierto.

Más allá, sin sofocar la pasión, el destino,
vigilante, despierto,con los pies sobre la tierra.
¿Qué hacer ante el movimiento  del corazón?
¿Cómo entender esas mil razones 
que la razón no comprende?

¿Por qué no dar por cierto lo probable,
por qué no admitir esas caras  de la realidad
siempre en pugna, siempre en tensión,
la del amor que nos sorprende, la del dolor
que nos empuja a seguir viviendo?

Por encima de las preguntas
el baile de los cuerpos tomó el centro,
con el  ritmo sinuoso de  las ramas
del árbol de la vida,más allá de los ruidos,
más acá, donde las miradas eran compasión
y sorpresa, en un querer  matar el tiempo. 

Y otra vez, los caminos,  la incertidumbre
de la vuelta, ese dejar atrás las sonrisas
pero no el deseo que el árbol de la vida
puso en nuestras manos, pero no las caricias
como el rastro de la carne que sigue

palpitando y arde entre preguntas.
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