lunes, 16 de diciembre de 2013

La presentación del poemario






El sábado 14 se presentó mi poemario Un concierto de sonidos diminutos.  El ambiente de la  sala Moncloa del hotel Celuisma de Madrid fue bastante acogedor. Me hubiera gustado haber tenido a mi familia y a mis amigos los cuales, por razones mil, no pudieron asistir. Esta ausencia se palió por la presencia de otros autores, venidos de diferentes rincones de la geografía española así como de otros lugares de Europa. Es de agradecer a cada uno de ellos su haber querido estar conmigo, y especialmente a los compañeros de la tertulia Página 72, a José Manuel Vivas, a Manuel Mansilla Salitre y a María Blázquez, que  estaban allí por presentar también sus obras. En esos momentos, hicieron las veces de mi familia y mis amigos. Se ausentaron, mi amigo Antonio Castellanos, excompañeros del foro Libertad 8,que al no poder asistir me envió todo su apoyo. Agradecido. Así, también se excusaron Cristian Piné, y Carmen Iglesias. Gracias a todos.

EN LA PRESENTACIÓN: 

Manuel Romero Higes, actualmente unos de los mejores editores a nivel regional y por supuesto nacional,  hizo unas semblanzas de mi persona que me pusieron rojo. Le agradezco su querer apostar por  esta publicación de Un concierto de sonidos diminutos;  por creer en este proyecto que, hace tres años, le presenté con el título de Horas Brujas. Después de trascurrido tres años,entre aquella primera entrevista y la publicación de ahora, me doy cuenta que el poemario se ha enriquecido en un trabajo exhaustivo de  acoplar poemas y podar versos. Así, el resultado final es un libro de poemas que expresa la evolución de quince años en este trance de escribir sabiéndome responsable de ello. Estoy satisfecho con Un concierto de sonidos diminutos, porque ve  la luz, sabiéndome en un proceso  en el que sigo investigando y escribiendo con tonalidades diferentes.

EL POEMARIO: Fondo y forma: 

Un concierto de sonidos diminutos, intenta mostrar, como los ruidos, las emociones, los encuentros más diversos se transforma en sonidos. Cada uno de estos gestos, secuenciados en los períodos  que van de la mañana a la noche,se transforman en un concierto de sonidos que hace todo más amable y sencillo.


En este libro el tiempo puede aparecer como protagonista  y sin embargo no es más que el testigo privilegiado de otros protagonistas reales los cuales sirven para desarrollar la metáfora vital. Así,  el cartero o el ascensorista que interrumpen llamando a la puerta; el timbre del teléfono; las noticias de la radio; el motor de los coches trajinando en la avenida; los ladridos de los perros; el ruido del lavaplatos o de la bomba del agua junto al trastero... Todos, y algunos gestos más, son en este libro la ocasión perfecta para mirar el lado oculto de lo cotidiano, aparentemente ruidos que se transforman en sonidos y que de no ser así pasarían desapercibidos.  En el contenido de este poemario, nada escapa al yo poético que se expresa desde ese espacio de lo  particular donde las emociones encuentran un motivo para crecer aprendiendo o para hacer silencio. No deja de aparecer la poética del silencio en el escamoteo del yo literario de algunos poemas. Siendo el silencio otro testigo, junto con el tiempo, de las emociones y los gestos. 

Dedicado a mi madre, un ángel sin vacaciones, el libro de poemas se inicia con una cita de Rafael Rufino Felix Morillón, gran poeta extremeño al que la Sociedad de Extremeña de Escritores no le ha hecho todavía justicia. La cita tiene el sentido de poner en guardia al lector ante los versos que va a saborear en este poemario. Y dice así, “Viví las horas de cristal bajo la memorable claridad de los soles...” Las otras citas que cotejan cada uno de los capìtulos son  de Vicente Gallego. Santa deriva; Luis García Montero. Habitaciones separadas; José María Cumbreño. Vasos comunicantes; Luis Alberto de Cuenca. La noche blanca. Los mundos y los días. Cada una de estas citas sirven como elementos referenciales para marcar como en los diferentes momentos del día,  el de la mañana, o el del mediodía, el de la tarde o el de la noche, sirven para descubrir  que los ruidos del entorno se convierten en sonidos. Y en todo ello, la velada pretensión de crecer dejando que lo contemplado, unas veces divise la frontera de lo irremediable y otras, deambule por un interior dolorido y aceptado. En realidad, en Un concierto de sonidos diminutos, el hecho de  espera se convierte en un presente continuo donde soñar y vivir se funden en uno. 


Para comprarlo basta dirigirse a la editorial a través de este enlace (pinchar aquí)


Publicar un comentario

MIS VISITAS AL MUNDO

MIS VISITAS AL MUNDO
Tiene Lisboa sonidos de agosto