miércoles, 13 de diciembre de 2017

Otras formas de silbar el miedo.

La imagen puede contener: 2 personas, personas sentadas


La imagen puede contener: una o varias personas e interior


 La obra de Luis Oroz, Otras formas de silbar el miedo se presenta en Badajoz.

SOBRE EL AUTOR. 

de Luis Oroz podemos decir, entre otras cosas, que es un madrileño afincado en Mallorca, que fundó junto con otros poetas el foro de poesía Alaire.  Y que desde el 2005 viene publicando en Antologías, siendo esta obra,  Otras formas de silbar el miedo, la primera que él hace en solitario. Es de agradecer ver un libro donde Oroz es el único autor, porque así se ve su gran sensibilidad y su forma peculiar de crear.  

Hay que decir, también, que su vida, como autor, está cotejada de reconocimientos literarios. Así lo muestran sus premios: Es ganador del II certamen de poesía “Poemas sin rostro” 2006 en Murcia; del premio Ágora  (el VI premio “Francisca Adrover” de Poesía 2007) en Palma de Mallorca. Ganador, también,  del II certamen poético “Amparo Bletisa” 2010; y en el mismo año,  Premio Nacional de Poesía en el XV certamen Literario San Jorge (Madrigueras)  de Albacete. Además ha quedado finalistas en otros tantos certámenes literarios. Así: en el V Certamen Internacional de poesía “Memorial Bruno  Alzola García” 2008; en las ediciones XXIV y XXV del Premio “Gerardo Diego” de poesía del 2008 y 09.

Aunque, a decir verdad,  cuando se habla de Luis Oroz, más allá de sus premios, hay que hablar de su persona, de alguien entrañable que –en opinión de quienes le conocen- hace que las cosas sean más sencillas de lo que, a veces, las hacemos y son. Creo no equivocarme si digo que en Luis, como autor,  su cosmos existencial y la obra guardan una estrecha relación. Y, siguiendo con esta reflexión, me uno a las palabras de nuestro común amigo Julián Borao, que en el prólogo de esta obra, comenta que ante Luis Oroz, nos encontramos con una, de esas personas de las que se puede decir que ha sido capaz de trascender a su cotidianidad una persona sensible que ha convertido su asombro y su emoción vital en poema, siendo plenamente consciente-sigue diciendo Borao- de que la poesía está también más allá de sí mismo. Creo que que estas palabras del prólogo, resumen bien lo que Luis es.




         SOBRE LA OBRA

      El poemario lleva un título muy sugerente: Otras formas de silbar el miedo. Digo sugerente porque, es cierto, se silba cuando uno siente cerca el vértigo de lo desconocido, o el sabor de lo inesperado y en soledad. Pues bien arrancando de esta magnífica expresión  Luis Oroz nos trae un libro donde los versos trazan unas herramientas particulares para enfrentar ese sentimiento irracional que es el miedo. 

El libro tiene cuatro partes.  Cada una de ellas con unas citas cabeceras que no podemos pasar por alto. Estas son de autores como Blas de Otero, Pepe Hierro, Ángel González y Gil de Biedma. Todos ellos forman parte de lo que se dio en llamar la poética social, e incluso intimista. 

Bien, después de una lectura atenta de los poemas de cada una de estas partes he hecho mi reflexión particular:

Nuestro autor hace hincapié,a lo largo de este libro, en realidades diferentes: el tiempo, los existenciales, como la libertad, el dolor, la esperanza, las emociones… Y todo ello, con el trazo de metáforas sugerente, unas imágenes que sorprenden porque, como dice Borao- juegan con la contradicción y con lo inesperado. Es muy importante decir que  la  poética de nuestro autor es lo que algunos llaman-poética del instinto y de la experiencia. Este aspecto queda perfectamente  reflejado en las páginas de este libro. 

Antes de comentar cada parte, quiero dar un apunte del poema principal. Este,titulado Contraportada, es pórtico de los cuatro capítulos. Pienso que este poema es la clave de toda la obra. Imprescindible leer despacio los primeros versos:

Espera. El libro está cerrado/… Estás justo en el vértice donde nace la historia, para terminar con una estrofa final, para mí,  llena de significados:
Puedes coser tu tiempo a mi destierro,/  alargar la bufanda de las horas /por si el frío se extiende, /infeccioso y tenaz,/ de mi mano a tus manos./ El libro está cerrado,/ nuestras vidas a punto de estallar sobre la mesa.

Magnífico. Maravilloso este primer verso donde el yo literario invita, a un lector imaginario, a abrir la obracosiendo su tiempo al destierro del poeta…” Solo con esta expresión podríamos hablar hasta mañana.

La imagen puede contener: una persona, sentada, teléfono, mesa e interior


En el primer capítulo he visto como,  entre los versos, el tiempo toma protagonismo.  Sí, el tiempo vital, existencial, con el que se establece un duelo. La cita en esta primera parte es de Blas de Otero, el poeta de lo social, que dice: Que mi voz brille libre, letra a letra/restregué contra el aire las palabras.

Desde el primer poema, se observa este sentimiento de Blas de Otero que Luis Oroz hace suyo. Así, lo que nos encontramos de entrada son unos escenarios propios de la farándula de un bar de copas.  Aquí es donde nuestro autor nos hace entrar para decirnos, de manera casi intimista, que hay que ser capaz de separar el whisky del silencio, la realidad desbordada de lo profundamente íntimo.  Sí, en este hábitat perdido en un desierto de cócteles y luces, es donde el yo literario subrayará la amistad, donde pondrá el acento de lo que supone el  amigo encendido en mitad de la noche apuntando a mis párpados. Es en  este lugar, un bar de copas-donde el tiempo se dilata hasta dejar de existir,- donde Oroz nos invita a  entrar  para hablarnos como el amor se sumerge en una copa que no puede beberse, donde el abrazo rompe los relojes a las cuatro y sin voz de la mañana. Sí, es aquí donde el Yo incuba en los ojos del otro una edad diferente, una curva irreal que fragmenta la cáscara del tiempo.

Entre los versos de esta primera parte, aparece el tiempo, a veces el tiempo pasado, frágil, sutil,  como expresa uno de los poemas: Lo cierto es que el pasado se desliza bajo los altavoces, igual que de la duda se descuelga la araña venenosa de la soledad. O como expresan estos versos: Los años, /como adverbios de tiempo suspendido, / han formado su nido /en la copa nocturna de las irrealidades/y desmiembran “ahoras” y “mañanas”/  en la hambrienta garganta del pasado. Considerado así, el tiempo que se hace  historia, una historia sujeta por los brazos que se apoyan en una mesa de humo que el yo literario conoce bien. Sí, el tiempo, el tiempo, como vida que es la costumbre de romperse los ojos, de abandonar la claridad, de sumergir- aunque parezca paradójico- al tiempo en un vaso de tiempo.

Este tiempo – dirá el poeta-  se disuelve en la inmortalidad (como destiempo), haciendo aparecer “el rastro de tu voz sobre mi voz, la longitud inmensa de lo que, tal vez, alguien  recorrerá también sobre nosotros”.

Me pregunto si no será esta consideración del tiempo que veo ,entre los versos de la obra, una forma distinta de silbar ante el miedo, ante el vértigo que provoca  el hecho de que todo pase y se acabe.

Aquí, en este primer apartado tomaría el segundo y el último poema 


LAS ÚLTIMAS COPAS                


A veces alguien llora 
sin otra realidad que la de ser 
extranjero en su cuerpo. 

Era triste mirar, 
bajo el aire indigente de lo que ya no importa 
gravitaba un ayer desconocido. 
El amor sumergido en una copa 
que no puede beberse, 
el abrazo que rompe los relojes 
a las cuatro y sin voz de la mañana.  
En un naufragio de sonrisas 
flotaban, boca arriba, los recuerdos. 
Ajenas, perseguidas,  
dulcemente inaudibles, 
las palabras caían 
sobre la cresta blanca de la música. 
Era triste mirar aquellos labios 
posados en la rama, estrecha y vacilante,  
de la felicidad. 
El humo y la pasión son dos himnos de fuego 
y el alcohol un país cuya bandera 
ondea en las miradas. 

Yo incubaba en sus ojos una edad diferente, 
una curva irreal que fragmentara 
la cáscara del tiempo. 
Pero fuimos burbuja,  traslúcido jabón entre las manos,                                             
la frágil convicción que sobrevive 
suplicando vacíos sobre el mundo. 

Allí, mientras reíamos,   
ahora lo comprendo, 
murió de inanición mi adolescencia, 
o tal vez siga viva, 
inmensa y transparente, 
como el dolor soluble que sujetan las lágrimas



INMORTAL 


Nos dejaste las hojas y el rocío 
el mar 
las instrucciones 
para aprender a andar sobre las aguas 

Raquel Lanseros 
   


La emoción que resbala,  
la evidencia 
de no saber si todo permanece. 
La nostalgia es el rastro de otras voces, 
de la ajena palabra que en tu boca se hunde 
para imprimir su huella 
sobre esa playa que llamáis silencio.  
Unas manos distintas sujetarán tu copa 
mientras brindamos juntos 
por la certeza de la incertidumbre. 
Como un pez diminuto que en el cristal comprende 
la transparencia de la inmensidad, 
así se expande el mundo 
desde el vidrio convexo en el que habitas. 
Y sin volver  regresas de la muerte a la vida, 
gravitando las aguas 
y alejándote 
de todo lo que un día conocimos. 
Yo no diré tu nombre 
ni el motivo  
por el que estás aquí mientras te pierdo,  
porque tal vez es eso 
lo que te hace inmortal; 
el rastro de tu voz sobre mi voz, 
la longitud inmensa de lo que, tal vez, alguien 
 recorrerá  también 
sobre nosotros.   


En la segunda parte, en el segundo capítulo, es José Hierro el poeta de cabecera. La cita es significativa respecto del contenido de este apartado: No es frecuente que sea así, pero sucede, como ahora: de súbito se encienden mar y música; estallan tiempo, espacio, fuera y dentro; giran deslumbradores vida de ayer y sangre fresca, es como un huracán irresistible.

Aquí, mi reflexión, después de leer unos poemas magníficos, se centra en los sentimientos, las emociones. Es curioso, la temporalidad pasa ahora del pasado al presente.  Así dice el poeta:

Hoy /entra por mi boca, /expira con mis labios, /utiliza mi lengua para desempolvar el corazón de su significado. /Me ama de verdad y, sin embargo, espera / a morirse de mí para besarme. Sí, son las emociones que existen como pájaros que emigran hacia el sur para acercarse.

En esta segunda parte, el tiempo recibe el apelativo de  zoo-ilógico donde todo es posible. Zoo (animal). El tiempo es como un animal fuera de toda lógica.  Este, el tiempo, junto con la distancia, forman un mundo a donde se regresa, al goce de no ser.

Interesante los dos primeros poemas 

INEXPLICABLE

Nosotros siempre tuvimos claro 
que un ave podría generar el cielo 

J.J. Ferreiro 


La miro conversar, la reconozco 
frágil,  
como una risa huérfana 
de oídos. 
Está en el otro lado de lo que conocemos,  
donde la realidad y su ficción  
jamás han existido, 
bajo el túnel hermético que el desamor construye 
de silencio a silencio.  

Hoy 
entra por mi boca,  
expira con mis labios, 
utiliza mi lengua para desempolvar  
el corazón de su significado. 
Me ama de verdad 
y, sin embargo, espera 
a morirse de mí 
para besarme. 

La intuyo respirar, no puedo verla 
enhebrando mi luz 
en la aguja que cose nuestros sueños. 
Si le grito ¡ya voy!, 
ella despierta, 
si me susurra ¡ven!, 
yo me deshago. 
Tal vez la vida solamente exista 
cuando has sido capaz de compartirla. 


INNOMBRABLE 

 ¿Cómo puedo decírtelo? 
si nombrarlo es romperlo, 
si no existe raíz 
para lo no sembrado todavía, 
si buscarle un lugar es destrozar  
su vocación de dios sobre los hombres. 
Yo sé que puedes verlo, 
que sonríes 
cuando escuchas callar lo que te cuenta, 
que pisas tú también cada una de esas huellas 
que no podrás pisar 
(es lo que pasa). 
No,  
yo no puedo decírtelo, 
ni tú preguntarás cómo ha llegado, 
porque tan solo aquello que se sabe inconsciente, 
como un acto reflejo, 
puede vivir sin nombre y sin origen. 
porque, después de todo, 
cuando todo esté cerca, de tan lejos, 
tal vez será la única 
e indescifrable forma de esperanza. 



 En la tercera parte, la cita de entrada es de Angel Gonzalez. Esta marcará el contenido ya que en este apartado aparecen los existenciales, como la libertad y el dolor, entre otros. Estos existenciales se describen con imágenes sugerentes que apuntan a otras formas de silbar ante lo irremediable. A cada uno de estos existenciales el poeta le exige hacer frente a la dificultad. A la libertad se le pide que sujete la lengua con su lengua sin márgenes  -/y pronuncia, /si puedes, / un te quiero infinito.

Y así, en medio de este ambiente existencial, aparece el apunte de un rasgo metapoético, al hablar del poema como un arma para silbar ante el miedo de la vida. Así es, el poema se transforma en  un niño imprescindible,/ un bebé que disfraza en su boca de trapo /todas esas palabras que nada significan. Es el poema del que el yo literario dice: Provocas el amor o cierta sensación de indiferencia, sin embargo los que escuchan tu sangre sienten miedo, porque también se vence a los ejércitos hiriendo el corazón y la memoria. En el mundo hay cariño de sobra para un niño perdido. /No vas a crecer nunca. / Jamás estarás solo, / porque llevas escrito en tu inocencia /el último secreto de los hombres. /No existe muerte alrededor el mundo /que deje en orfandad el pensamiento.

POESÍA 

Tal vez eres un niño imprescindible, 
un bebé que disfraza en su boca de trapo 
todas esas palabras que nada significan. 

Vulnerable y aislado, 
te dejas desear mientras ocupas 
otra cuna vacía. 
A nadie perteneces, pero lloras 
y tus lágrimas forman una madre imprevista. 

Provocas el amor 
o cierta sensación de indiferencia, 
sin embargo 
los que escuchan tu sangre sienten miedo, 
porque también se vence a los ejércitos 
hiriendo el corazón y la memoria. 
En el mundo 
hay cariño de sobra para un niño perdido. 
No vas a crecer nunca. 
Jamás estarás solo, 
porque llevas escrito en tu inocencia 
el último secreto de los hombres. 
No existe muerte alrededor el mundo 
que deje en orfandad el  pensamiento. 

En la cuarta y última parte, la cita que aparece es de Gil de Biedma: Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, y la más innoble que es amarse a sí mismo! La cita subraya las antítesis  de la generosidad. Es la generosidad que arranca del propio poema. Posiblemente, este valor apuntado,  sea otra de las formas de hacerle frente al miedo, de silbar el miedo.  

En este cuarto capítulo me he fijado especialmente en los dos últimos poemas. En ellos el yo lírico subraya el valor de las palabras, esas que plasman la inmortalidad del que se acerca al poema mismo. El deseo noble de la inmortalidad es otra forma de hacer frente a los miedos, otra manera de silbar ante el vértigo de lo finito. Ser inmortal es ir muriendo en las vidas ajenas, -dice el poeta- es ir abandonando sus memorias para quedarse, ausente, en las palabras, para ser otra vez, y esta vez para siempre, el poeta sin cuerpo que antes eras.

La imagen puede contener: 2 personas, cámara

              Resumiendo: En estas cuatro partes nuestro poeta, presenta  las estrategias necesarias para hacer frente a la gravedad  de la propia existencia. 


Publicar un comentario

MIS VISITAS AL MUNDO

MIS VISITAS AL MUNDO
Tiene Lisboa sonidos de agosto