
Siempre hay un final comienzo de otro momento,
un proceso infinito que nos arrastra sin remedio.
La luz sigue a la noche, la sombra al caos. Eterno
movimiento de formas con nombre impropio.
Nudos sin descifrar que escapan de la sin razón.
Y la risa cambió
el semblante mortecino de la tierra
dándole rostro a la tarde.
Un final que empuja
al después
y ahí
estás
tú.