sábado, 29 de noviembre de 2014

Con sabor a paraíso perdido.



Es difícil encarar la noche y sus misterios
con ese impulso extraño que solo el corazón entiende
cuando no hay razones para fingir. En mi interior
todavía  cabe esa locura que me hunde en los infiernos.
Busqué su mirada y la encontré con la timidez
de esa emoción contenida que tiene piedad del sentimiento.
Y con las palabras, las pocas que permite la estrechez
de un forzado encuentro, rescatamos lo vivido en  las ausencias .
El tenor quería  tener voz…

La avenida estaba en silencio

No hubo tiempo en el tiempo detenido de la calle.
Todo parecía agotarse en  el  dolor del no saber.
Qué lejos estaban las promesas, las caricias y los verbos
que en otro momento rompieron muros.
Mil voces asomaban de  los garitos queriendo amortiguar
las palabras. Y las miradas tuvieron ese punto de emoción
que la soledad permite. En el interior un grito: ¡sostén al tenor!

El frío recorría las aceras con ecos de castigo.

Una larga espera  hasta que los perros se callaron
y el cansancio me venció. No llegaste. Y en este no volver
hubo un mensaje con sabor a paraíso perdido.
La cabeza contrariaba el reclamo que las vísceras hacían.
No sé si es el miedo el que  elige entre el orden y  la gravedad  
del sentimiento que empuja a la peligrosa sinrazón.

Un ascensor sonaba despellejando la solemnidad del silencio.  

Y en este no saber si hay despedida,
se mantiene la hipoteca de una historia sin final
que vuelve a imponer  el  espacio del silencio.
Otra vez los mil interrogantes que no aceptan la derrota.
Un movimiento de huidas y de sueños que deja la huella
de  un “fuerte abrazo”queriendo decir todo sin decir nada.
Imposible soñar cuando los sueños no nos pertenecen.
No cabe volver, ni empezar de nuevo, ni morir en vida
cuando frenamos  la inercia del corazón para no defraudar
a los ángeles guardianes. Es duro sobrevivir ignorando
las lluvias de otoño.

Amanece con sol.  







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MIS VISITAS AL MUNDO

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