martes, 9 de diciembre de 2014

Cuando la cuerda se rompe

                           



Todo lo que la mirada alcanza y espabila la memoria
a punto de perder tu nombre, todos esos momentos inútiles
y preciosos, lo que ignoré,  lo que aprecio y cabe
en el revés invisible de las manos, todo se vuelve hacia ti.

Hace frío, solo hay ojos transeúntes entre lanas.

Hay silencios que ahogan el recuerdo. Lo querido se vuelve fugaz,
como palabra nunca dicha, como un verso por hacer.
Cuando la cuerda se rompe por la parte más endeble,
ya no se recobran esas mañanas felices de incontables regalos.

Las hojas gritan escarcha entre pies ajenos.

Pocas cosas conforman el ángulo vital donde revives.
Escucho un rap, voz rota  en la frágil frontera de los sonidos
que buscan dueño. Huyes y no busco, te alejas y permanezco,
animal herido.

Los semáforos engullen la monotonía del invierno.

Quiero levantar la mano y pronunciar tu nombre
y dejar que los versos recorran la carne del recuerdo.
El silencio responde sin velar tu imagen. No hay piedad
en esta huida. La cuerda se rompió por la parte más endeble.





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