sábado, 31 de enero de 2015

Descender al vacío del amén.


Los hospitales tienen ese punto límite donde lo trágico y la esperanza se tocan. Sí, hay momentos donde la tragedia y los olores sin identificar se confunden con la responsabilidad mecánica de auxiliares q siguen el protocolo  al detalle. Se diría q un hospital cumple con los requisitos ambiguos de un lugar intermedio, como el de un purgatorio necesario para la salvación. Y esto sin contar con los ruidos de las horas puntas: carros q se desplazan, enfermeras q saludan, aerosoles disparados, toses, voces...
Ahora, todo está en calma, nada molesta el dormir monótono de mi madre. Esta se altera con el eco de su tos. La miro y descubro ese paisaje de lo frágil ante el q es mejor guardar silencio. Un sin-palabras solemnizando las horas, un descender al vacío del amén.

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