viernes, 27 de febrero de 2015

No hay nada que hacer.




Cuando la muerte juegan por el jardín y en tu casa ves el temporal que se avecina entonces la historia comienza a tener tonos grises que se confunden con las nubes o al revés, que para todo hay tiempo. El gato maúlla y no hay nada que hacer. La televisión repite los horrores de la guerra. No procede evadirse sino apretar la vida hasta el punto de agotar el último hálito. No entiendo nada. Llueve. Hace un momento salía el sol pero sigue haciendo frío. El gato no deja de maullar. Huele a tarde y a pan. A lo  mejor el desastre ya se ha ido. Los dioses se pasean entre moldes de barro. Volverán a crear seres.
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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto