miércoles, 22 de marzo de 2017

DECADENCIA.

 Estaba leyendo unas páginas del Cantar de los cantares de Salomón  cuando me dormí. Creo que tuve  una pesadilla mientras repetía algunos versos del primer canto.



La higuera madura sus frutos.

No hay tiempo para madurar,
todo pasa rápido. La estupidez
se aferra a los costados
del Niño-grande dominador.

No hay fruto, solo raquitismo imbécil
del hombre-deshumanizado que magnífica
 lo poco que entiende. Palabras vacías
en el foro de la grandilocuencia.

Las viñas en flor exhalan su aroma.

Un olor a podrido inunda las aceras
la nariz se acostumbra al pútrido
aroma que secciona la pituitaria.
Todo es gris.

Defecar en la calle es una moda,
primero fueron los perros
ahora es el turno de los que un día
levantaban las correas y el bozal.


Levántate, amiga mía, hermosa mía.

Mejor dormir que levantarse
estar sentado que caminar,
ser un vegetal hasta la inexistencia
quebrando el punto cero.

Todo está ajado, los gobiernos
dejaron de funcionar.
La anarquía domina la calle.
Todo es tan triste.

Ven.

Nadie acude porque no hay llamada.
No hay gritos de alerta solo el sonido
de las ambulancias que recogen
cadáveres abandonados.

Una pesadilla, un sueño.
Me desperté y vi que la primavera
hacía de las suyas. O era invierno.
Y me descubrí mirándome 
en el cristal de lo perplejo.
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Tiene Lisboa sonidos de agosto