miércoles, 6 de junio de 2018

Y ahora somos tres, un libro de Sanmartin.





Y ahora somos tres, un libro de Luis Miguel Sanmartín (Sánchez Martín). Editado por Poesía eres tú, Madrid, 2018.

Nos encontramos ante un libro total donde las emociones se atropellan con el deseo al ritmo propio de un poeta maduro. Por esos no estoy muy de acuerdo con lo que  expone la contraportada de este libro. Señala que es una reflexión sobre la necesidad de amar  y el temor a la soledad. No es que no crea que sea así sino que es mucho más de todo eso.

Al inicio del poemario, de seis partes definidas, se encuentra una dedicatoria particular, A cuantos por acción u omisión alentaron este libro. A mamá, a papá / A Cris/ A Nicolás. Al escribir alentar nuestro poeta subraya de forma amable- la necesidad de sentir apoyo en este primer despegue literario. Importa decir que este primer trabajo de Sanmartin es de gran altura.
Después de la dedicatoria  aparece una cita cabecera de Li Bai, poeta chino del siglo VIII, el mayor de los poetas románticos. Su cita da nombre al poemario. Levanto mi copa, invito a la luna/ y a mi sombra, y ahora somos tres. Al final del libro, en otro de los poemas, El poeta inmortal, se vuelve a hablar de este escritor oriental. Baste señalar que desde esta cita se adivina la intencionalidad de esta obra.

Tengo que señalar, a nivel de forma, que el libro presenta la riqueza cultural que nuestro poeta tiene sobre el oficio de escritor como es, por ejemplo,  la mezcla de versos heptasílabos y endecasílabos. Esta forma de trabajar marca la  tónica de todo el poemario, provocando que los versos  tengan un maravilloso ritmo. Luis Miguel, al igual que  Li Bai (autor de referencia), detiene el remo/ desea la belleza quiere amar… ( pág. 118).


 Referencias contextuales de la obra

A los lectores que se acerquen a este libro les advierto que están ante  una lírica trabajada donde las referencias cultas y locales incitan a mirar con atención  lo que se expresa. De esta manera:
Las referencias a ciertos autores avivan el olfato-lector y muestran por donde nos quiere llevar el poeta. Así, los guiños a Neruda en Perversión del poema 20 (pág. 87), a Gabriel García Márquez En los tiempos del cólera (pág. 79), a Bécquer en el verso final de Poética nocturna (pg. 80).

El tratamiento de los poemas con versos endecasílabos hace pensar que Luis Miguel Sanmartin hace algo más que guiños mayores a los escritores clásicos, como Petrarca o Garcilaso en su defecto. La Laura de Luis Miguel, la amada del yo lírico en los versos de este libro, como el humanista italiano, se presenta bajo las expresiones del deseo sensual y del tormento enamorado.

La referencia a los filósofos, como Descartes en La duda metódica (pág. 11); o a Platón en Mito de la caverna (pág. 115), indica las preferencias de nuestro autor de apuntar desde aquí a una lírica madura,  al  valor superior del Bien (al amor platónico) a veces inalcanzable; o al afianzamiento de lo cierto ante tanto desvarío en los instantes de placer… en las teselas de (los) pechos / quemando con (su) angustia con (sus) muslos…/ en el rebuscar  en (los) bolsillos el deseo ( págs. 11/12).

Las referencias al cine son puntuales y, a modo de Pere Gimferrer, le servirán para acentuar ese encanto del amor inesperado como es el caso al tomar la película Paterson de un director independiente, como Jarmusch (pg. 94).

No faltan las referencias al entorno donde vive y siente nuestro autor, Alicante. Aunque  son las justas, sirven  para situarnos  y no estorban a la comprensión de lo que quiere comunicar “Sanmartin”. Estas indicaciones físicas son Guadalest (a 25 kilómetros de Benidorm) (pág. 67), o el Winecanting (vinos de Alicante)  (págs. 94/102).


   La obra. Un apunte de las emociones.

 El frontispicio del libro se construye con el poema Duda metódica (pág. 11). Este sirve para preguntar  si el amor es una realidad que tiene que ver con la sensualidad del beso, del sentimiento de la vigilia, o de la ficción que atraviesa -como espada- el alma. Magnífico poema, de cuatro estrofas, que sugiere la impresión del amante donde el deseo se vuelve protagonista. El título del poema pone de relieve la duda de una actuación más allá de la sinrazón: No soy el que tú quieres/ que sea, lo presiento,/ tu mirada inconstante/ me señala el pasillo de tus cejas/ piérdete entre mi ropa/ rebusca en mis bolsillos el deseo…// mis manos ya no saben de prejuicios/ y el miedo es una luz que me apetece.
A partir de estas páginas se van sucediendo los capítulos: Desconcierto, Oleaje de sábanas, Verbos equivocados, Bar pecera, Y en el relámpago crucé la orilla, La sonrisa de los nísperos. En cada uno de ellos Luis Miguel Sanmartin plantea el sentimiento de lo amatorio, y  tratará las emociones, como estas que siguen:
-la del soñar, a pesar de la ceguera del amor (pág. 13);
-la de la pasión carnal, con su corte de sensualidad y de silencios (pág. 27);
-la del deseo en acto, que se vuelve metapoético y mortal y engañoso- a modo de sirena (pág. 49);
-la de una sonrisa, donde significado y significante se unen en una simbiosis maravillosa y permanente  en la amada (pág. 63);
-la del desamor y su ansiedad que es soledad y la del recuerdo de lo que pudo ser (pág. 89);
-la del amor que vence y como ángeles habitan la sombra del ser ( pg. 107).

A modo de reflexión. Breve nota de la obra

En el primer capítulo, Desconcierto, se descubre el soñar a pesar de la ceguera del amor (pág. 13). En este apartado se apunta a una especie de deconstrucción de los ritmos, en el que de forma singular se destaca el proceso del enamoramiento, que no del amor. De esta manera,  se comienza por unas, pruebas de afinación, del propio sentimiento. En el primer poema se reta a la propia naturaleza para que sea haga una con el ser amado. El  rocío, la nube conducen, de forma irremisible, al yo poético comentar “lo que tú quieras amor mío” (pág. 17). Las estrofas se rematan  con dos grandiosos  versos: sólo le pido al viento/ que leas este poema (pág. 17). Expresiones en las que la sutileza y la levedad  son capaces expresar, con palabras significantes,  los sentimientos más hondos. Los poemas que siguen tienen ese tono lírico –romántico que el mismo Li Bai podía suscribir. A pesar de ello, nuestro poeta apunta a ese instante en el que la persona amada provoca en el amante un antes y un después de conocerla. “Ya nunca más he vuelto a ser el mismo” (pág. 18). Es así, el amante se ha vuelto parte de la luna y sus orillas espumosas, de la arena un náufrago que aguarda el rescate…ya no me conformo con cualquier cosa…solo te quiero a ti. (pág. 20) Es imposible vivir sin ti, dice el yo poético. Porque el solo nombre de lo amado, señala, me consuela  en este transcurrir del tiempo…solo tu nombre hace de mí un aguacero…me salva (pág. 23), indica el yo poético. Y todo en un sentimiento de atemporalidad en la misma figura lírica del tiempo que marca a  su vez el contexto de la soledad, “cuanto tiempo te he estado esperando” (pág. 24). A pesar de todo, el enamoramiento aparece como una locura, “no sé si innecesaria/-dice- malditos los conciertos de la noche/ siempre me dejan solo// siento frío/no sé si yo sabré soportar esto.” (pág. 25). Lo importante es caer en la cuenta de este “a modo de acústico de sonidos intimista”, de este unplugged, donde lo que importa es volver a la realidad y apartarse de la locura y exponer “fin de trayecto adiós/ creo que fin de sueño” (pág. 26).

En el apartado segundo, oleaje de sábanas, la pasión carnal, mantiene un corte de sensualidad y de silencios (pág. 27) muy a tener en cuenta. Aquí, los poemas se encabezan con una cita del zamorano Claudio Rodríguez, “Bienvenida la noche con su peligro hermoso”,  resaltando así  la sensualidad del amante. El yo poético terminará por escribir “un poema/ ahora que no existo-señala-/ ahora que soy un sueño que sueña tu nombre/ ahora que la extinta llama/ es una pecera” (pág. 31).  Es así, el enamoramiento se vuelve algo cerrado, obtuso, carente de infinito. Desapareció el mar y en su lugar aparece un constructo artificial, una pecera. Porque “el amor es fugaz…/ una tragedia…// me duele sobre todo / cuando oigo el ascensor…” (pág. 32). A pesar de todo, el yo lirico expresa “confundo tu cuerpo con el mío…” (pág. 33). Vuelve la soledad, como un eco, y el yo poético termina señalando “tirito siento miedo/me parezco demasiado a la muerte” (pág. 34) tan así que reclama el beso y lo repite, como un mantra, “bésame bésame bésame bésame…” Este gesto supone un grito requiriendo “cobíjame en miedo cobíjame en tu boca cobíjame en tu/cuerpo” (pág. 35). Sin embargo,  su cuerpo es como una niebla- comenta-que abrazo entre mis sueños” (pág. 46). La temporalidad vuelve a aparecer ahora como un elemento que da consistencia. A pesar de todo, lo señalado no es más que un gesto que pasa volando, “lo detengo en mi mano/ como a un pajarillo/ lentamente lo atrapo y lo hago origen”, si “me escapo alguna tarde y nos dejamos/ llevar entre tus sabanas /…y dejamos así de ser silencio” (pág. 47).

Y de la locura de rememorar se pasa a la locura de tenerse, de sentirse aunque con verbos equivocados (capítulo  tercero). En este apartado lírico el amor tiene forma de engaño,  de sirena. Se mantiene la emoción del deseo en acto, de los gestos que sirven para construir lo  metapoético (pág. 49). Qué sencillo es refugiarse en el poema, en unos versos llenos de imperfecciones, y esto es lo que no debió suceder, “el poeta nunca debió meterse en nuestra cama” (pág. 59). Ante este amor, el ser se siente indefenso, porque  “la pasión es un fuego/que acorrala y lleva al precipicio” (pág. 58). Este amor tiene forma de engaño, de sirena, dice el poeta (pág. 61).

Será en el capítulo siguiente, Bar pecera, donde la emoción de una sonrisa, marcará la simbiosis del significado y significante en la figura de la amada (pág. 63). Aquí, el tiempo y lo imposible son el contexto de un tú poético que ordena  y espera. “Y llegas a ordenarlo todo/ / como un pececillo anaranjado/ deslizas tu sonrisa/ por ese bar con forma de pecera (pg. 69). El poeta, en un magnifico  alarde lirico, enlaza la figura del Bar-pecera con Homero y su poema épico, con esos versos clásicos que  narran la aventura de Odiseo (Ulises) en su vuelta a Ítaca, “dime Penélope/ ¿Podría estar Ulises/ surcando unas cervezas/ dentro del bar pecera? (pg. 83). Lo imposible tiene su referente metafórico en los peñascos y callejuelas de Guadalest. Esta dificultad de lo escabroso se resuelve con una mirada, “te agradezco haberme mirado (68); o en el sueño  donde el yo poético espera encontrar a este amor imposible (pág. 71), este amor cuyo nombre es “lluvia plena”, lluvia que no dudará en guardarla en el aljibe del pensamiento (pág. 72). Y aunque el yo lirico se siente un mal poeta, deja que a la noche le siga el día, que ese meridiano 80 marque la inflexión del antes y el después “para que no te aflijas-.comenta- y me dejes solo” (pág. 85). El capítulo se cierra con un guiño a los 20 poemas de amor y una canción desesperada de Neruda, escribiendo que “ha muerto en soledad/alguien que no ha nacido”  (pág. 87). Admirable final para señalar este sentimiento que solo puede encontrarse en el Bar-pecera, un a modo de mezclar la lírica sublime con la sencillez de lo cotidiano.

El efecto metapoetico de este capítulo se resume en las poéticas nocturna (79) y de la playa (84). Es el milagro del poema/ esperanza del verso/búsqueda de la idea y la palabra (79) donde la silaba grita a este yo desesperado y amante, saltando por los folios pide auroras (79). Un yo que pide olvidar el fonema / y su ramaje hirviente (79)…las cárceles sin luz de la sintaxis…porque ¿sabes princesa?/el poema eres tú (80). Este verso es una nota becqueriana que subraya el perfecto contorno del romanticismo de este libro. Porque escribir/ es como un oleaje…// la duna es  la seguridad del verso/ y el mar es la pregunta/ ¿por qué escribo poesía? (84). A pesar de todo el yo lirico se confiesa mal poeta/ un vate que… escribe sin parar /…para que no te aflijas y me dejes solo/…con mis cavilaciones/…con mi oleaje/…con mis sartenes… (85).

El amor que trascurre por estas páginas tiene un poco de ese amor a lo García Márquez, un amor en los tiempos del cólera, un amor que sigue las pauta del realismo mágico que enamora donde el placer de leer es estar pensando en ti/de imaginar  tu risa/ tu acento cadencioso/ la melodía grácil de tu cuerpo menudo (81).

En los capítulos finales nuestro autor resolverá la trama del desamor. De esta forma, en el penúltimo capítulo Y en el relámpago crucé la orilla, se hace patente el sentimiento del desafecto y su ansiedad transformada en  aislamiento y en  recuerdo de lo que pudo ser (pág. 89). El yo lírico marca  la angustia - soledad a secas, haciendo un guiño a un film-Peterson- en el que lo inesperado y lo absurdo subrayan el encuentro de lo amoroso. En realidad, en estos poemas se magnifican los desencuentros de un amor que retrasa el paraíso (pág. 96).

En este espacio del libro el ejercicio de un buen soneto apunta al estuario de la piel enamorada (pág. 97). Este amor se sigue planteando como un recuerdo, en pasado, “a pesar de la piel que adoré” (pág. 99). No faltará, en este contexto de lo yermo, la fe del poeta como quien se mata a escribir  (pág. 103).

El último  poema, donde la sonrisa es una forma de deseo, culmina el clima  erótico apuntado en otros rincones. Magníficos versos donde el yo lirico explica, quisiera disfrutarte/ no ya desde la sed…/ sino en la misma idea/ del ser necesitando la fluidez / la libación del fruto/ el éxtasis visual/ de los campos de nísperos (otro guiño a la poética romántica de Li Bai) / teniéndote desnuda y a mis pies” (pág. 104).

El último capítulo, La sonrisa de los nísperos, tiene tintes de epílogo, donde la emoción del amor victorioso provocan que los  ángeles habit(e)n la sombra del ser ( pg. 107). Las citas cabeceras, como la de Kavafis señalan el punto de llegada, las Ítacas esbozadas en los versos precedentes.  El dialogo con el tú poético subrayará ahora un alto nivel de romanticismo, reinventando a Li Bai. Los aforismos se encadenan trazando esa alquimia necesaria en lo amatorio (pág.113), los imposibles (pág. 114), ante lo cual  importa brindar con una sonrisa, la del poeta y  con olor a níspero. La hipótesis amatoria se traza desde el vivir enamorado (pág.111) aun sabiendo que el amor es ciego superando la actitud cavernícola del primer hombre (pág. 112). Escribir, en definitiva, es la única terapia, la salida para superar el desamor, a ver si de esta forma/ encuentro algún sendero/que me lleve hasta ti (pág. 115). No hay otra forma de ganar la batalla, de  cerrar la Caja de Pandora, sino es con este manojo de poemas, apunta el yo lirico (pág. 116). Precisamente,  la noche queda en calma a la deriva/la luna se adormece/ los nísperos sonríen// el amor ha vencido una vez más. Remata, nuestro poeta, con unos versos sencillos pero profundos en CONCLUSIÓN FINAL,porque nunca podré/ demostrar este amor/ si no es en nuestra casa… (pág. 120).

Después de este relatorio, con pretensión de comentario,  en el cual mis sensaciones pueden haber contaminado el propósito del poeta, recomiendo encarecidamente la lectura de este poemario,…Y ahora somos tres. Merece la pena. Después, importa el silencio interior para que el amor se encargue del resto.


 

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