lunes, 21 de mayo de 2018

Como una sirena que me abraza. Texto del prólogo





Juan Andrés Pastor Almendros (Pamplona 1965), un hombre que se define así mismo “comunicador de inquieta conciencia, descreído y gañán”. Escribe de sí mismo que su cometido es la comunicación y el desarrollo de ideas, contenido-dice- para hacer de la vida un espacio continuo de conocimiento compartido.
Junto a todo esto hay que resaltar que lo más importante de Juan Andrés es su sensibilidad y ese ser generoso que lo hace particularmente cercano. Alguien ha dicho de él que es un hombre bueno. Los poetas, que no son gente de fiar, necesitan escritores como él para redimir los “engaños”, esa forma de fingir escapando a la razón, como diría Pessoa “O poeta é um fingidor”.
 En su blog “Cuaderno de apuntes”, se define como un hombre creativo y que esto se lo permite porque mantiene una gran ilusión en todo lo que acomete siendo la amistad, la de los amigos elegidos, la que le dirige en este camino. Un hombre así no puede por menos que escribir con y desde la emoción de lo diario y hacerlo muy bien.
Después de su primer poemario Sé de los charcos (2017), nuestro poeta vuelve a alumbrar un nuevo poemario, Como una sirena que me abraza, antes editado por Gabriel Viñals en la colección poética y peatonal.  Un poemario ante el que hay que inclinarse por esa forma, tan explosivamente lírica, que nos acerca a la esencia de un autor que se toma en serio el verso.

EL POEMARIO EN SÍ

El libro está compuesto por cincuenta y dos poemas. Un conjunto lírico que tiene la clara intención de hacer que “por la calle (corran) metáforas sonrientes, las rubias sinalefas desatadas”. Y sigue, “(paseen) en bici comparaciones nuevas, (compren) helados las aliteraciones, y (pierdan) el tiempo en las esquinas hipérboles y rimas asonantes”. Y todo esto desde un expresar la verdad más verdadera. Con estos versos, Juan Andrés señala lo que realmente le gusta. Es cierto que nuestro autor es esa clase de poetas que no le cuesta trabajo confesar que no sabe “de mayores derrotas que las (propias). Sin embargo –apunta- el fracaso me revive. No me duele suplicar el perdón, ni dar las gracias.” Alguien así, tiene el talento de mirar donde nadie observa hasta indicar que la poesía es “un pulmón que sabe respirarnos”. Con esta confesión meta-poética el yo lirico cobra un gran valor en la obra. Será esta primera persona la que nos conducirá por cada uno de los sorprendentes rincones de este poemario.

LOS EJES DE LA OBRA

Este libro, Como una sirena que me abraza, hay que considerarlo, permitidme la licencia, como una aventura, en la que aparecen  tres elementos, tres ejes fundamentales que se cruzan de manera transversal, la emoción, la palabra y la inspiración. Estos, de manera meta-poética, tejerán la madeja lírica del contenido.  Así, nuestro autor anota: Hoy en tu calle he revuelto esos sueños/  con los nuevos colores de los versos. / Luego me fui hasta hacer de tu regreso un motivo de ecos y campanas. // Nada faltaba.// Estaban los ladridos, las tildes del silencio, /el aire detenido de los besos.

Cada uno de estos ejes sirve para adentrarnos en el contenido de la obra. Así, el eje principal de este libro, son las emociones. El poeta las hace aparecer bajo la sombra de los abrazos con “tres movimientos: // rotación, / translación /y emoción.// Y sigue diciendo, “Cuando eso ocurre/ soy un universo/ en movimiento”. Desde el primer poema de la obra, Las nubes, Juan Andrés irá trazando estas emociones asemejándolas al susurro de las nubes. Así, el poeta escribe que, “a veces (oye) a las nubes deshilachar secretos y (lavarle) memorias escondidas”. Es también la emoción de la levedad, como el agua y su plural que siempre se escapa…/ dejando la sed de la memoria…/”. La emoción, como movimiento pendular, ensartado en el tiempo, cada día, donde el yo lírico, dedica una nueva caligrafía de horizontes, acentos desenvueltos, intercaladas haches en los dedos, enlazadas palabras en los vientos,” para después de venir “sobre los versos”. Y termina, “te secaré el pelo, / la memoria de oro/ y el silencio”.

El segundo elemento con el que trabajará  Juan Andrés Pastor es con la palabra. La tomará como protagonista, de la que él apunta “camina despacio por sus sueños…// posando el interés sobre mi vaho . La palabra, como amante, donde el poeta parece ver  “en (sus) ojos; el color de un mar que (le) acompaña…” La palabra, que el poeta ha visto sonreír, / cuando volv(ía)/ de señalar los sueños/ uno a uno/ en el reloj del domingo y del museo.”  Es la palabra escrita la que señalará con expresiones metafórica a través de la cual, soñando, uno…quiere conocerte, un poco más, / como si fueras aquel cuaderno rubio/ sin coleta, semántica peinada y/ desenvuelta”. Sí, jugará con las palabras, esas mismas que forman poemas que a veces pierden letras que la levedad del momento se lleva pero que a pesar de todo “no puede borrar ninguna letr– / –el verso que al final de este poema/ tiene en tu luz, doble música eterna; /como la luz del Sol que nos espera”.

Por último, junto a la palabra, aparecerá el hecho mismo de la inspiración, esa que no se encuentra en los viejos diccionarios, los que tanto consulto en mis rutinas. Dice el poeta- Eres para mí lo extraordinario- una fuente- como la sed en alguien que suspira”. Este poeta que señala “la verdad más verdadera: la palabra más cierta, la que dicta el latido de todo lo que sient(e) cuando escrib(e)”. De esta manera, es capaz de anticipar un final con unos versos que no terminan aunque lo llame despedidas, donde la inspiración está presente,   porque esta es “la carta de tus ojos bien jugada, un mar ignoto hasta llegar detrás de las palabras. // Sólo el silencio de todas/ las estrellas/ que escondes en tu pelo; / brújula sin imán, hecha locura”.

Estos tres ejes, marcan- a mi modo de entender- el contenido de la obra. Son ellos los que nos acercan, entre líneas, a la meta-poesía, casi mística, de este poeta, “el alma que  está en los versos que no hemos escrito/ y en el cajón donde hemos perdido la promesa/ primera de un amor que es furtivo.

LA FORMA DE EXPRESAR EL CONTENIDO

En esta obra, Juan Andrés Pastor emplea –especialmente- el verso libre sin evitar algún que otro soneto. Esta estructura del verso le sirve como referencia del oficio de poeta. Así, de esta manera, “liberaremos entonces, -comenta- a todos los poemas detenidos”. Con el verso libre, el poeta rescatará ese microcosmos vital: Serán libres los versos y los besos. / Habrá menos problemas./ Tendrán los buenos días/ menos prisa, las tardes otra siesta/ y compañía/Serán las madrugadas/ como un regalo abierto/ debajo de las sábanas/ y las horas serán campanas/ que nos anuncian a la vida. Ahora bien, en este continente estructural del poemario, no es solo  el verso blanco lo que aparece ya que –también-se recurre a la métrica clásica, como es el caso del soneto “Sí se avanza”:
Fui víspera de ti, fui acertijo. /Tú, memoria y trabajo; la familia. / Aún el llanto te busca sorprendido/ estando como estás hecho vigilia.//
Una pared, las letras y rendido /sólo la soledad que nos tirita. /Conteniendo la sombra como un grito/  madre, piedad, verdad. España escrita.//
Renglón torcido, espera desatenta. /Esta vez la pared, como esperanza. / Un rezo hecho distancia, siendo afrenta.//
La sombra de tu nombre es una lanza/ más allá de un olvido que es condena. /Sólo se es memoria si se avanza.


Agradezco al autor el haberme permitido hacer este prólogo, obligando a cada uno de vosotros, los lectores a mirarme, en cierta medida, como testigo privilegiado de esta obra motivándoos a leerla. No sé si lo he conseguido. En definitiva, nuestro poeta no necesita prologuista, sus versos hablan por sí mismo y puedo declarar, enamorado de ellos, que merece la pena leerlos y meditarlos. No os importe desnudaros internamente al adentraros en las páginas de este libro sin olvidar pararos para, así,  guardar ese espacio silente que os ayudará a saborear mejor los versos, los poemas de Juan Andrés Pastor, en este Como una sirena que me abraza.




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