domingo, 30 de junio de 2019

UN CONCIERTO DE SONIDOS DIMINUTOS (Badajoz, Herákleion, 2013)


Un concierto de sonidos diminutos, es un poemario donde los ruidos de lo cotidiano y lo citadino se convierten en un concierto de diminutos gestos que se refleja en los versos como una paradoja de este vivir a contracorriente que termina por ser una ironía. En realidad, el poemario viene a ser un libreto para seguir una partitura en la que está escrita la vida misma.
            El título, esos sonidos diminutos, nos van a dar la clave para asomarnos a los poemas: La clave es el silencio cómplice, porque en medio de ese silencio es donde anidan los secretos, sus momentos de salvación y esos resquicios de luz que encuentra el poeta en la vorágine de los relojes y los calendarios...Una búsqueda constante de levedad. Es un poemario muy terrestre, muy aterrizado, anclado a lo cotidiano a veces incluso de manera dolorosa, hundiendo sus raíces en el fango de cada jornada...
            Un concierto de sonidos diminutos es también el retrato de una salvación, del hallazgo de destellos en medio de una oscura monotonía. La salida del laberinto de “pobreza y desastres” de los que habla la radio está dibujada sobre el mapa de la piel. El poemario se toca también, el papel se torna en materia viva, esconde pulsiones y en muchas de estas páginas tiembla el placer. Y otra vez el juego de contrarios, necesarios mutuamente y espejo de la vida: ruido y silencio, peso y levedad, y ahora materia y aire, o alma (presente en algunos poemas).


Geografía de los sueños 

Un ritual de piel y agua desborda los colores.
Los gritos se esconden en el desnudo
límite de las sábanas; las risas,
en el compás del sueño herido.
El corazón silencia el ritmo de la sangre
y la sangre el tránsito vital de un sonido.
Quién puede detener el maremoto del placer
cuando la piel y el agua se confunden con el aire.
Siesta 

El calor aprieta los tabiques. Una mosca
deja estelas en la luz. Y con el insecto,
la pasión se enreda en los muebles.
Un concierto de sonidos diminutos.
Las paredes dibujan sombras.
La calma pasea su reino
al compás de una persiana
que juega con la brisa al escondite.
El rugido loco de un motor
rasga la siesta en dos mitades.
Una maldición recorre la calle.
Un grito remata el concierto
del alboroto. se despeja la playa
de los sueños y el gigante de la tarde
se adueña de la situación.
Y otra vez a empezar.
Marginal
Es difícil vivir con los ojos cerrados,
pensar que apago la luz del corazón
mientras creo que duermes. Existes.
Me pregunto si alguna vez
dejé de amarte. hay tanta lluvia
en las ausencias, que el agua es incapaz
de llevarse tu cautela.
Por encima de la muerte
la vida toma nombre en la distancia.
Serena esperanza que un día
pareció ser libre en esta cárcel del tiempo.
Te llamo en el reverso de las horas.
Tu voz me devuelve a la calma,
despeja el pulso de la noche.
Paso la hoja. Dejo de escribir,
pero no de buscarte
entre los ángulos del silencio.

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