Ante mi padre...
Lo miré desde la victoria de un mundo
a punto de sucumbir. Me miró sabiendo
que no había derrotas sólo la vida
en cada presente plantado.
Y en ese diálogo de miradas, donde los versos
sobran, nació la luz dando forma al gesto,
esa tarea de mirar atardeceres
por sorpresa.
No hay nada que decir cuando mira
sin encontrar el rastro de la palabra.