
Olía a caminos, a sombras,a gigantes
que acechaban entre los huecos
de la arboleda.
Un paisaje de amapolas, una soledad
habitada de otras soledades
con final de caricias redimidas.
Otra vez el camino, otra soledad
para después volver con el beso desnudo,
con la palabra en la piel,
a los olores de siempre.