
Ya en la calle miró el plano de la ciudad y descubrió que el lugar de sus sueños tenía una mancha de café. No sabía cómo pero se dirigió hasta allí. Cuando llegó el inmueble estaba cerrado. Con un gran cartel entre los graffitis que decía: SE VENDE.
Destinado a comunicar todos esos momentos que son espacios donde la palabra se convierte en el refugio cierto, en luz capaz de abrir caminos.