sábado, 8 de agosto de 2009

LA SIETE VIDAS DEL GATO.





Ante la imagen rota de mi padre








I
Un árbol roto, sin dolor. Sólo
el sonido de las hojas.

Se llevaron el árbol,
con él la sombra.


II

Toda la vida soportada
en ese respirar monocorde,
sin color, falto de gestos.


III

Por qué la brisa no es el viento,
si los dos son aire. Por qué
las palabras son letras
en un espacio vacío y la escritura
llena el vacío de las palabras. Por qué.

IV
No pretendo entender aunque pregunte
por aquel ángel que custodia
la entrada hambrienta
del invierno.

V
Por qué no forzar este ángulo
de la ventana y ver la plaza
al revés, el árbol y el banco
donde nadie se sienta.

No entiendo este juego
de la muerte disfrazada de vida.

VI
Hay quienes viven con el retal
de las horas,
y quien, en medio de sus devaneos,
ni las viven.

Quién vendrá cuando todos
hayan recogido la mesa.


VII

Esboza una mirada pero no hay mirada.
Hace días que cerró
la caja de las sonrisas,
su huella permanece al borde
de la sed.

Duele cortar las raíces, duele
este suspiro de horas contenidas,
viento de sueños, en este instante.
Duele pasar las páginas, duele.
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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto