domingo, 15 de mayo de 2011

No hay mal que por bien no venga



A la vista de los últimos acontecimientos que me ha tocado vivir creo que mi padre llevaba razón cuando me decía que “no hay mal que por bien no venga”. Uno de esos sucesos ha sido tener que vivir fuera de casa, en otro lugar, de lunes a viernes. En mi caso ha sido tener que ir a dar clases, estos últimos meses a Talarrubias, un pueblo maravilloso de la Siberia extremeña.

Aunque me sigue dando un cierto disgusto vivir a doscientos kilómetros de mi casa y de mi mujer, rompiendo al mismo tiempo con otras cuestiones, como ir a la Escuela de Idiomas o el gimnasio, sin embargo la distancia me está ayudando a apreciar lo que se tiene y por supuesto a valorar todo lo que hasta el momento venía haciendo. Es aquí donde el aserto popular referido por mi padre cobra sentido.



Además, el encuentro con otras personas, con otros compañeros, magníficos compañeros de trabajo, con otros alumnos, me está ayudando a descubrir ese sentido poliédrico de la vida. Nada es lineal y menos la existencia. Todo tiene colores y aromas diferentes, rostros distintos que nos hacen aprender cada día y lo mejor de todo es que nunca se parte de cero.

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