sábado, 4 de julio de 2015

A la deriva



Abrazados por la noche la carne deja gritar 
al eco de la pasión en la locura de las manos. 
Ciegos por el deseo, los labios resbalan 
por la catarata del sexo  

No hay rincón por descubrir 
ni palabra por ocultar. Se rompe el silencio 
en la emoción del encuentro. La noche perdona 
el tiempo, a la deriva en un mar de luces. 

En este momento, no hay miradas solo piel 
y besos, la noche desatada y el vacío. 
En este instante que huye todo se vuelve claridad 
en el cielo de la piel que traduce la caricia. 
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Tiene Lisboa sonidos de agosto