miércoles, 27 de enero de 2016

Entre el lenguaje y el gesto.


Cada día me entusiasma ese sorprenderme de continuo cuando Rodrigo tiene alguna que otra salida ingeniosa, si es que se puede decir esto de un niño de dos años y meses. Algunas de estas actuaciones parece que las haya aprendido en otra dimensión, en otro momento, dándole la razón a Platón y a Pitágoras  en eso lo de la transmigración del alma.

Digo me sorprende este chiquillo con palabras, que no sé quien se las dice; con pequeñas frases que hablan directamente de algo más que de la necesidad vital de comer o jugar. ¿Llevarán razón Descartes o Chonsky con la cuestión del innatismo? ¿Nacemos con una realidad lingüística impresa que después, a medida que crecemos, se desarrolla en nosotros? No sé.

En realidad, Rodrigo me sorprende con esas salidas de lenguaje, aparentemente no aprendido. Y en este sorprenderme de mi hijo está también la sorpresa de mi mismo, de como voy adaptándome  a su lenguaje, especialmente gestual. Vivir así, entre el lenguaje y el gesto, es para mi un aprendizaje maravilloso que no lo cambio por nada.
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