domingo, 12 de febrero de 2017

Almería es el nombre, la luz su alma.


Es difícil hablar cuando la vista se ha saciado de luz y ésta ha alimentado el alma. ¿Qué decir de estos rincones de Cabo de Gata? Ante tanta belleza las emociones te hacen enmudecer y parece que  no encuentras las palabras capaces de describirla. 


Riela la luz, una lengua verdi-blanca 
mecida por el viento. El alma gravita 
al borde del silencio dibujando 
el horizonte. En este sueño de barcas 
te nombro deletreando el adjetivo 
que señala la vida.


 Un ir y venir de las vocales del agua, 
un beso suave que acaricia la piel 
de las rocas. Lento susurro de las nubes 
que te acerca hasta morir de amor.


Dejas la marca de tu rostro en la pared azul 
de su cuerpo. Una sombra de nubes 
viste el paisaje. Luego, lento, te vuelves 
para declarar la paz sin resistencia.


Vuelves a precipitar tu desnudez 
sobre este silencio de agua y rocas. 
Vuelves a mirarme con gesto de misericordia 
capaz de hacerme vivir fuera del fuego.

El eco de otras voces se mece en las olas, 
habitan los ángulos del arrecife. Las sirenas 
cerraron la puerta de este mar que me deja. 
Sólo el sueño, el sueño generoso, me acerca 
hasta ti y tu risa.


Nunca me dijiste nada tan sólo me acariciaste 
con ese dedo de agua que dibuja el infinito.


Dos,tres, se hace el silencio. Dos tres, 
cuatro, así cuento los segundos de este mar 
que me arropa. Así marco el abrazo 
de este agua para atar el sueño 
del que no quiero despertar.


Me devuelves a la puerta del paraíso. 
No sé tú precio ni me importa 
sólo quiero apretar esos segundos 
del momento final 
de la creación. 


Vuelves abriendo la esperanza. 
Y en este mar de infinitos las palabras 
dejan de soñar. Un silencio solemne 
se adueña de todo.


Se fueron, dejando el lugar desnudo de voces 
pero no de brisa, dando color al silencio 
de los dioses.


No es el final sino un punto donde la vida tiene 
el poder de cambiar el destino de los hombres. 
Una luz abierta al infinito de esta gramática 
mediterránea, que te bendice. 

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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto