sábado, 4 de febrero de 2017

Días pares e impares. Metafísica de lo cotidiano.

          Quiero compartir el texto de presentación del libros Días pares e impares, editado por LUPI ( La Única Puerta a la Izquierda) de Julián Borao en la librería Universitas de Badajoz. Un somero análisis de cada una de las partes del libro. 



TEXTO ÍNTEGRO:
          

           Dice Teresa Ramos, una poeta navarra, amiga común que con este poemario:nos adentramos pues en el entramado de lo impar y de lo par; y de la vivencia de esa herida compartida por todos los seres humanos, impares o pares, según el día que amanece, con una suerte imprevisible, a pesar de todos los pronósticos y los propósitos.” Con las palabras de esta poeta navarra nos planteamos ante este libro de Julián Borao, que no se trata de averiguar el significado de estos elementos estéticos que le dan nombre a la obra, sino de caminar por los rincones de sus versos de manera vigilante. En definitiva, este es un libro de poemas que quiere hacernos conscientes que la existencia es algo más que un estar, es una búsqueda.

          Nuestro poeta nos presenta un libro dividido en cuatro partes, un a modo de cuatro existenciales donde él va trazando la trama de lo posible: Días; Chequeando las horas; Amor, tiempos y palabras; Versiones de la noche. Cuatro partes donde la temporalidad física desaparece, para dar paso a los momentos íntimos donde el yo poético se detiene.

          Así, en la primera parte, DIASse escribe desde el cero, que no es la nada, donde sumar y restar palabras es lo natural. Un punto de partida, como una declaración de intenciones de cómo hacer frente a los días, de cómo aferrarse a las cuestiones del instante “buscando las palabras conocidas/ que me lleguen a ráfagas anónimas/ en este extraño asombro de existir.” (39). No pierde Borao esta inquietud del filósofo de asombrarse para empezar a –como él dice- a descongelar “algunas sensaciones/ que llevan tiempo en mi interior.”(45) Y para esto hace falta “detenerse/ sentirse, /simplemente sentirse/ en el silencio/ y esperar” (51). Con esta expresión termina la primera parte subrayando que la paciencia es la mejor aliada en este trabajo de búsqueda.

          En la segunda parte, CHEQUEANDO HORAS, el yo poético entra en una revisión de todo lo que le rodea, examina, chequea desde el mismo instante en que rompió la virginidad- un 23 F y en una noche de invierno- donde el elemento físico se convierte una metáfora del desastre o de lo desastroso. Para terminar haciendo una confesión sobre el ser, que en castellano es estar también. Me parece-dice el poeta-que soy todas las cosas, / me vuelvo transparente y dejo de existir/ como mi nombre (89). Sí, en este pan-existencialismo que lo abarca todo, desde el árbol a la muerte, donde el cosmos se hace uno con el yo, y éste se disuelve en el todo dando paso a un nosotros, a un estar de distinta forma. Es este juego de pronombres el que hace preguntarse- al autor que nos visita- si son estos pronombres los que dicen, quién es o quienes somos. (87). En realidad, este chequeo nos lleva hacia la luz donde lo que importa es no jugar a ser dios “porque eres-dice-, a los sumo, /nada más que un suspiro intrascendente/ del aliento total del universo…” (77).







          La tercera parte, AMOR, TIEMPOS, PALABRAS, la única que lleva una dedicatoria ( A Julia) y con una cita de José Ángel Valente, nos lleva a las palabras, a las de siempre y que forman poemas (93), a las páginas donde se encuentra el tú –querido-, un tú al que el yo lírico le ruega que le explique “el silencio al que me obligo-comenta-, explícame este mar de hondo vacío/ que no logro abarcar/ (…), explícame los gestos (…)/ aclárame por qué hay ciertas palabras / que no deben decirse  ni en voz baja (…), sé tú mi pulso.” (97). En esta parte, donde parece que el dolor de la distancia con el ser amado se acentúa, el poeta resuelve la trama secuencial con un sentimiento que rememora tiempos mejores: “He visto a las gaviotas sobrevolar el agua/ y he invocado el mensaje de la botella/ que tiramos al mar hace algún tiempo/ por encima del bosque de los elfos” (113). Magníficos versos donde el imaginario conduce a una visión de la infancia superadapor encima del bosque de los elfos- que, encerrada en un mensaje, navega en el mar de lo ideal. Ese mar, esa agua termina respondiendo que nada es lo que se cree. Y en este creer, el yo dirá que “no importa descubrir que nada es cierto” (117). Y a pesar de todo, el poeta sigue diciendo: “puedo mover el cosmos con su abrazo (…) puedo fundir la nieve en su sonrisa (…) puedo deshacer las nubes con sus besos. Puedo escribir poemas con sus manos y hasta comerme el mundo con su amor” (121). Una tercera parte donde los miedos se superan.

          En la cuarta y última parte, VERSIONES DE LA NOCHE, es donde el yo enfrenta la incertidumbre de lo cierto y al hacerlo descubre que esto no acarrea problemas sino inquietud ante el día que vive o, incluso, en el gesto mismo de la espera de un vuelo improbable. Sí, en este último tramo, del poemario, se muestran ciertas figuraciones de la noche, esas que pueden localizarse en algunos lugares, como en una plaza, “mientras pasa el tiempo…/ al límite del sol de primavera” (137). Con estos metarrelatos de la noche el yo lírico resuelve lo incierto subrayando que continúa entre sus dudas y sus decisiones, para aclarar un día más (139) -no importa si es par o impar- dispuesto a percibir lo que “permanece callado” (141). Sí, preparado para resolver hasta los sueños del sueño, esos que mueren “en cada despertar” (145), o el preludio del propio sueño durmiendo despacio y sin horarios. La noche es siempre el momento propicio para profundizar, para deslizarse por la levedad del silencio sin miedo, así lo anota el poeta, sin embargo hay un revés es el no atreverse- así lo dice el yo literario- a mirarse en sus espejos. Y aquí, en esta figuración de la noche, donde aparece el alma (espejos) como una realidad que impone, es cuando se descubre la dificultad de profundizar. Tal vez-dice el poeta- es eso mismo vivir y revivir: “aferrarse al profundo sufrimiento de las horas oscuras (…) y reencontrar de nuevo la esperanza, / después de comprobar que no hay necesidad/ de otras respuestas para sobrevivir” (157).A pesar de todo, el yo literario, este que lleva de la mano por los vericuetos del poemario dice que no espera nada solamente la quietud…para “dormir al fin, sin muerte y sin memoria” (167). Una afirmación que deja a su vez un interrogante existencial.  Porque la propuesta no deja de ser una utopía que reclama el eterno vivir en continuo presente “alimentado historias para satisfacer/nuestra perplejidad de estar aquí” (165).

          Termino. Dije al comienzo que este poemario cuanta una historia, traza la trama de lo posible lanzando al lector a los existenciales de: buscar lo cierto entre lo incierto de los DIAS; a examinar (segundo existencial), a un CHEQUEO DE LAS HORAS, sin miedos a lo que nos rodea dejándonos atrapar por ello; a un encarar (tercer existencial) el AMOR, TIEMPOS, PALABRAS; a un dejarse invadir por esas VERSIONES DE LA NOCHE, que hacen diferente el modo de la existencia diaria.


          Gracias Julián por venir de tan lejos a compartir en lo cercano, esta creación fresca y directa, una poesía desnuda-como dice Blanca Sarasua-. Sí, tu poética no deja indiferente, porque- y en esto sigo la opinión de nuestra amiga Teresa- este libro es una “metafísica de lo cotidiano”. Gracias.

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