lunes, 24 de julio de 2017

Donde otros nos sueñan...

            

            
               En los poemas finales de la segunda parte de Ultramor, Alfonso Brezmes sitúa al lector en los sueños, en los ideales, en aquello mantiene el color del cotidiano. Sí, después del tiempo nuestro poeta nos lleva a mirar  los sueños,  esos que los poemas emplean (pg. 71), esos donde el poeta está “sumergido” y desde donde tiene que emerger y “salir afuera” a rescatar (¿la intuición poética?). º

              Confesó que leía
               mis poemas para coger sueño,
               sin darse cuenta de que,
               en realidad, eran mis sueños
               los que usaban los poemas
               para entrar en ella.

             Más adelante, el sueño del poeta lleva a considerar la realidad centaurina de ser hombre-animal. Un binomio que el yo literario subraya al decir 
“que siga durmiendo / 
el antiguo animal que me habita /
para que, cuando logre salir, /
 sea yo también el que salga/
…/ 
y alguien dirá que nos vio/ 
claveteando de pasos la noche, fundidos en una sola montura” 
(pg. 85). 

              Estos versos recuerdan la imagen de Sagitario donde el instinto y la razón traban una lucha constante. Será esto lo que quiere decirnos el poeta, que hay que superar esa lucha donde la razón (parte de la realidad) quiere sofocar el instinto –la intuición. Acabar con la intuición es también sofocar los sueños, o el hecho de soñar.

              Miremos por donde miremos da la impresión que, en esta segunda parte del poemario, importa soñar, intuir, dar luz a la razón ideal.  El poeta sueña, imagina lugares 

que, de tanto imaginarlos, / 
poco a poco se desplazan, / 
hasta aparecer un día/
en otro punto del espacio.” 

               Es vital estar “donde otros nos sueñan/ y nunca estemos aquí/ donde nadie nos nombra” (pg.87).
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