jueves, 12 de marzo de 2009

DESPUÉS








Después de haber perdido la cuenta
de las horas, descubrí que los sueños
sellaban el recuerdo de todas tus miradas.

La forma de tu rostro se perdió
en el barullo de la calle dejándome
el recuerdo de tu nombre con ese olor
a soledad que dibujan los desiertos.

Perdido en mil tareas la piel de los versos
reclamó el canto de las voces, de todos
los llantos agolpados en mis manos.

Después, en el silencio de la noche, llegó
el delirio de tu hambre palpando los rincones
del deseo y en un cuerpo a cuerpo, me sedujiste
hasta detener el tiempo en la sorpresa de tu risa.


Del poemario “Natura”
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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto