viernes, 6 de marzo de 2009

SI LAS MUJERES MANDARAN...



Ante el 8 de marzo día de la mujer trabajadora.


Hace ya unos pocos de años, cuando por obligación de estudios tenía que atravesar la todavía frontera franco-belga, rezaba para no encontrarme a la inspectora jefe de aduanas. Esto sucedía cuando no estábamos en la Comunidad Europea y nos bajábamos del coche, con cierto miedo, ante una revisión de mercancías en el capó. Bien, decía que temía a esta buena señora, una belga con "cara de vaca", de pocas palabras, que buscaba cumplir con pulcritud las normas establecidas. Todo era justo, tan exquisitamente perfecto que daba pena. Siempre pensé que esa señora se quitaba las medias coceando, como las mulas. Broma aparte, la mujer hacía perfectamente su trabajo sin mezclar sonrisas, ni camelos de aduanas. Y es que, por lo general, las mujeres, en su trabajo son así: puntuales y exactas, con un grado de perfección tan alto que es imposible alcanzar. Imaginación y sensibilidad no les falta, de estas tienen y mucha.

En los puestos administrativos y públicos encuentras de todo. Ahora bien, es curioso que cuando es una mujer la que manda, generalmente todo está mejor, con más detalles. Digo esto, sin menospreciar a los hombres que somos los que todavía ocupamos el máximo de los puestos, en la administración pública y política.

¡Ay, si las mujeres mandaran - dice mi mujer- las cosas irían de otra manera! Y creo que tiene razón. Que una mujer mande es interesante porque el hecho de haber llegado a su lugar de gestión le ha supuesto un gran esfuerzo:

Primero, porque ha tenido que demostrar que es apta para ese puesto, como cualquiera, pero ella, por ser mujer, más todavía; segundo, ha tenido que enseñar que no es menos inteligente que el resto de los demás compañeros; tercero, porque el mantener su puesto le supone tenacidad vigilando no cometer errores, porque de lo contrario no se lo perdonarían; cuarto, porque al trabajar fuera de casa tiene que superar constantemente el “sambenito” de “ abandono de las funciones domésticas.”

Es claro que la mujer, cuando ocupa un cargo de responsabilidad y de gestión, no deja de ser ella misma. La torpeza es fijarnos en sus aspectos femeninos o maternos cuando se las ve realizar bien su trabajo, porque esto no lo hacemos con los hombres:

Las mujeres, como cualquier otro compañero, suelen dar a su trabajo un tono de sensibilidad capaz de abordar los problemas con ciertos matices o de tener el detalle de mirarlos desde otro ángulo; e incluso tienen esa intuición profunda que ayuda a no rendirse en el proceso de cualquier situación difícil. Digo como cualquier otro compañero porque tener esas cualidades no es privativo de ellas... Menos mal.

Que la mujer pone en su trabajo un amor entrañable, o que es capaz de dar color a la sobriedad, temperamento a lo débil, y poner aserción y fortaleza cuando todo flojea, no hay quien lo ponga en dudas. Pero, atención, repito, ella lo hace, igual que los demás. Lo señalado, que es propio de lo materno, no es exclusivo de ellas. Cualquiera, hombre o mujer, consciente de su actividad lo desarrolla.

En fin, que la mujer gestiones tiene más ventajas que inconvenientes. De cinco una lo puede hacer mal y esto ya es de por sí un gran porcentaje. Con todo esto no quiero decir que lleguemos a implantar un matriarcado, o una especie de “demo-amazonía” sino que es hora de poner a las personas en su sitio reconociéndoles sus valores. Probablemente no se vean con facilidad las indicaciones hechas sobre la mujer, pero tampoco a nadie les extraña si de ellas lo decimos.

Los hombres hemos de procurar resaltar lo positivo de las mujeres contraponiéndolo a la gravedad de ciertas aseveraciones tópicas que sobre ellas hacemos. Es una ventaja tener una mujer de compañera, son buenas aliadas, buenas consejeras. Da gusto verlas dirigir. En honor a la verdad, las mujeres son menos dadas a dejarse influir por gustos veleidosos que los hombres. Hay quien sí, pero son las menos. Por otro lado, en la gestión administrativa no se da tanto el que haya mujeres acosadoras, o despilfarradoras, como sí es el caso de los hombres.

¡Atención!, permitidme un gusto, sin pretensión de ser sexista: cuando las mujeres manden, hablaran y enredaran menos, irán al grano, y esto si que es un bien para todos ¿no crees?
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