martes, 13 de abril de 2010

Pájaros de aceite


















El ruido de la calle no apagó
el ritmo apasionado
del encuentro. Cinco minutos
retrasaron las miradas
pero no el deseo.

Cada segundo, cada instante
fueron sellados por el ansioso recorrido
de los cuerpos, bajo la mirada vigilante
de unas velas.

No era un espejismo sino la realidad
de unos amantes que empujaba la luz
y las palabras, en un ritual
de sombras, sobre la pared.

La calle, fabricaba rumbos;
ellos, pájaros de aceite
ahuyentando la nube de los dedos.

Y volvió la prisa,
sorprendiendo la hora
y el gesto de un café
que evitaba despedir
la nave de los sueños
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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto