miércoles, 20 de abril de 2011

Al borde del equívoco



Hay miradas furtivas. Llueve.
Un cláxon espabila el despiste
de un peatón. Ha dejado de llover.

Todo se mantiene en ese equilibrio
al borde del equívoco,
tan humano.

Llueve, alguien pasa saltando
los charcos de la cuneta.
El repartidor de butano grita.
Ha dejado de llover.

Tan humano este andar
dejando estelas de timidez
en cada encuentro. Llueve.
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Tiene Lisboa sonidos de agosto