lunes, 19 de septiembre de 2011

El vuelo de la trinidad


Mas la reina, hace tiempo el alma herida
del mal de amor, con sangre de sus venas
nutre su llaga, y en oculto fuego
consumiéndose va.

(Virgilio, La Eneida, IV)


Toma rumbo la mirada en la carne desnuda

en medio de un bosque de manos que se aferran

al vuelo de la trinidad.

Soportada en el brocal del agua que busca


el infierno de la sed; asida al deseo del fuego

que dobla los cuerpos transidos de pasión;

acariciando la ira de la tierra que alerta

del tiempo.


Gritan los rostros con el velo blanco

del sudor, mientras el amor clava sus dardos

en la piel vestida de miedos. Y sigue el rito

en esa trinidad de la carne desbocada


con la fuerza de un torrente y la fragilidad

del humo, hasta deshacerse

en la espalda de una nube que dibuja risas,

y en los labios que pronuncian secretos.



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