sábado, 10 de septiembre de 2011

Desde el silente rostro de lo amado. Canto IV.


Hace unos días hemos tenido un encuentro con nuestro amigo Juan Andrés Calderón, poeta y hombre de compromiso, premio "Delgado Valondo" 1989. Para esta ocasión escribí, a partir de las cuatro estrofas de un poema suyo, cuatro cantos, llamado ". Cuatro cantos y un epílogo". Aquí dejo el canto IV con la estrofa cabecera extraído del poema de Juan Andrés.

A Juan Andrés Calderón porque sabe estar

donde yo no me atrevo aunque me atreviera.

CANTO IV



Y no hay prisas,

sino bosque de entretiempos:

enternecida aurora

a donde vuelvo

(Juan Andrés Calderón. Despertar en Septiembre)




Ahora, cuando surcas los caminos del invierno

se estremece tu tarde

y el crepúsculo coloca en tu mejilla,

los destellos del Amado,


paisajes donde anida la quietud

del saberte sin prisas en una aurora enternecida

a donde siempre vuelves.


Que no te vas compañero, mientras dure el perfume de tu paso.


Desprenden sus hojas los viñedos,

el vino y el pan en la mesa están servido,

que en la sangre del hombre buscas horizontes

para encontrar el vuelo cierto del Amor.


Que no te vas compañero, no, mientras dure el perfume de tu paso.


Noches en vela, sin adornos, conforman tu ser.

Cuántos amaneceres te sorprendieron vendimiando

racimos de esperanza. Por eso no te vas

mientras el agua brote sincera en las palabras


y el ser fiel sea la costumbre de lo mejor, lo más humano.


Levantemos las voces porque te quedas, compañero,

en el anhelo de cada uno, en el verso de la mañana

en las tardes de verano, apuntando días mejores.


Que no te vas mientras dejes por los rincones

trozos de agonía aceptada, porque el amor no es irse

sino un siempre volver,

un siempre volver


de ena-mo- ra- dos.









(DESDE EL SILENTE ROSTRO DE LO AMADO.CUATRO CANTOS Y UN EPÍLOGO.)








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