jueves, 1 de septiembre de 2011

En blanco y negro


















Nunca fue tan abierta la mañana, nunca
cuando la carne acortó distancia en la sonrisa;
y la ternura de los besos, huellas de aves al pasar.
Un mar en la espalda, olas arrastrando la palabra
a una orilla imaginaria que habla de promesas,
de un hasta luego, de noches, de silencios. Nunca,
como hoy, se hizo tan de día la mañana
en el verbo pronunciado 
que traza líneas de  luz 
en el juego amante
de los cuerpos.



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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto