sábado, 5 de enero de 2013

Periferias





             10.30 a.m. Me he dispuesto a cortar los geranios de la terraza mientras, sin remedio, el ruido del tráfico asciende maldiciendo los balcones. 10 grados marca el plasma de la avenida. Qué hacer cuando todo sigue este proceso irremisible. En la radio del vecino se dan las noticias. Vísperas de Reyes. Algunos funcionarios salen a dar los últimos toques a las compras después de tener  asegurada  la paga extra en su cuenta corriente. Todo tiene ese tinte de paradoja, de situación absurda propia de una ficción de Kubrick.

             12.42 p.m. Salgo para hacer un poco de deporte. Hace frío. Los gatos se han quedado mirándome con cara de tristeza. Los animales sienten a priori las pequeñas ausencias de sus dueños. La vida es así, como un entrar y salir o un dejar y tomar o como un estoy y ahora vuelvo. El ascensor va lento. La voz metálica impresa en el interfono me indica el sitio de llegada con un timbre anodino y con el sonido carrasposo de las puertas. Es una mañana soleada y hace frío. Nadie mira a nadie. La calle tiene ese punto de invierno que ralentiza la vida. La realidad se impone a la ficción aunque nos duela estar despiertos.

           23.02 p.m. Estoy en casa. No hay ruido que distraiga este contemplar como pasan las horas. 


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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto