miércoles, 25 de febrero de 2009

Hay tanto viento




A mi padre
de quien aprendí a mirar la vida




Me desvelas la inocencia de tu carne
en el hálito de los días. Dejas que el viento
de la tarde acune el rostro de este árbol
dolorido de tu cuerpo.

Hay tanto viento
en tu mirada que la luz de tus ojos
llena el espacio
de mariposas blancas.


Cuanta ternura contenida en el gesto
de tus manos, cuánto dolor en esa fuerza
implacable de las horas, cuánta libertad
en la huella de agua que resbala por la sangre
de todas las primaveras.

Hay tanto viento
en tu mirada que la brisa es
un juego endemoniado
de niños en la plaza.


Tu memoria se quema a la sombra
del silencio, arde en el fuego original
de tu sonrisa. Cuánto aprendí
en ese no decir nada y en tus gestos
diciéndolo todo, cuánto.
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MIS VISITAS AL MUNDO

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