jueves, 12 de febrero de 2009

RITUAL DEL SOL



Esta mañana, mientras contemplaba a mi padre en la cama del hospital descubrí ese ritual del sol intentando atravesar con su luz las gruesas cortinas de la habitación. Este ritual tiene la belleza de las cosas sencillas e inadvertidas. Nadie lo aprecia porque la luz nimba el absurdo de nuestros cuerpos hasta disolver los defectos más agudos. Mientras más luz más ciegos nos volvemos. Ahora, el universo se desvela rebelándose contra la ingratitud de la oscuridad, de esa pesadez de la noche. En este momento a los ronquidos espasmódicos de mi padre entre silencios nocturnos le han seguido los ruidos, ese parloteo indómito y salvaje de celadores y enfermeras que avanzan por el pasillo buscando sus pacientes-presas. Los hijos de la luz han levantado, una vez más, el hacha de guerra contra los pacíficos hijos de la noche.

Una estela roja cubre la línea de tejados que se divisa desde esta cuarta planta del hospital. La escarcha se está deshaciendo en mil formas y colores. La luz crece agarrando las cosas por el lado más oculto. El tiempo empieza a contar y Chronos hace de las suyas.

Mi padre se ha despertado y mira ajeno a lo que le rodea. El mundo hace tiempo que dejó de tener importancia para él, el parkinson lo está devorando. Después, ha vuelto a dormirse agarrado a las sábanas revueltas, como quien espera un último suspiro.
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