jueves, 8 de octubre de 2009

EN LA PIEL DE OCTUBRE














Hay momentos solemenes que lo son por el gesto natural con el que todo se desarrolla. A veces es tan solo un beso. Esos momentos, que se guardan en la memoria de la piel, es imposible traducirlos fielmente en versos.




Se adelanta el viento hasta calmar
la furia del fuego, ese calor redondo
escrito en la piel de octubre.

Como un extraño, el ruido de la calle
se aloja en las manos. Una caricia,
una aventura de pausas gratuitas
remata la pasión en el centro
de los besos. Magia de formas
que se desvela en la línea original
del barro.
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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto