sábado, 19 de mayo de 2012

La sinfonía incompleta de lo humano. Diálogo con Pedro Piquero.






Hace unos meses se publicó el tercer volumen de las obras completas para piano de Manuel Blasco de Nebra interpretado por Pedro Piquero. En este trabajo, magníficamente editado por Columna Música, aparecen ocho sonatas que nos acercan a un mundo intimista y cargado de emociones.
Sin desatender la música de Blasco de Nebra, sería interesante aproximarnos a algunas de las realidades de su intérprete, de Pedro Piquero. Me refiero a esas realidades vitales que configuran su persona en una melodía existencial y hacen que su interpretación vaya más allá de la propia partitura. El dialogo con Pedro nos dará algo más que las claves para aproximarnos a la audición de estas sonatas: nos descubrirá los paisajes contextuales de lo humano, la música esencial dentro de la propia música.

Importante, hacer que este dialogo sirva para exponer la sonata vital que todos hacemos sin darnos cuenta.

Pedro, tu interpretación no está exenta de tus vivencias. Por ello, en la medida que lo permitas, me gustaría dialogar contigo pasando de ese intimismo clásico/barroco de Nebra a otras “intimidades”. Me refiero: por un lado, a las emociones que los sentidos van dejando cuando los humanos tenemos el coraje de atravesar estrechos horizontes; y por otro, a las ideas de ese pensamiento autónomo que parte del afán de búsqueda que algunos tienen.

Si te parece seguiremos un esquema tomando como referencia los cinco sentidos. Al fin y al cabo, a través de éstos nos surgen las emociones y nos movemos; nos llegan las ideas y hablamos. En el espacio de cada uno de ellos habrá tres preguntas. Las primeras están preparadas. Las otras, prefiero que surjan en la misma conversación. Empecemos por las primeras impresiones que tus viajes, por distintos países del mundo, te han reportado.

I. VER

-Al ver la realidad social sudamericana ¿qué apreciaste? Concretamente, ¿qué paisaje humano descubriste?

La realidad social sudamericana, en general, me conduce a una sola palabra: egoísmo. No sólo por nosotros, sino por todos los de aquí y allí, incluyendo a muchas de las personas que, viviendo en esas terribles circunstancias, harían, si pudieran, lo mismo que nosotros hacemos con ellas. Podría sonar exagerado, retorcido o pesimista, pero me temo que el dividir el mundo en opresores y oprimidos, obviando las verdaderas intenciones de cada individuo, es un mapa cierto pero demasiado incompleto para radiografiar la situación con precisión.

-Ha pasado el tiempo. Si comparas aquella experiencia, ubicada entre los que no caben en la foto, con la experiencia actual, ¿cuál es tu impresión?

Mi sensación es que la mayoría de todos y cada uno de los sistemas operativos de los seres humanos conocidos, en el pasado y en el presente, se encuentren en la circunstancia social que se encuentren, son el mismo. Esto, por ejemplo, se ve en una clara representación intencional: los pobres quieren ser ricos y los ricos más ricos.

-Pedro, esta conducta del ser humano es frustrante. Llega a esa situación porque, como dice Eric Fromm, el hombre es un eterno lactante. A pesar de esta realidad, en concreto ¿qué es lo que más te emociona o lo que te conmueve del ser humano?  Quizás tu respuesta nos lleve a plasmar un buen guión musical con el que poder reescribir una sonata  o sencillamente, servirá para poner un silencio al concierto de lo humano. A lo mejor, se trata de esto: de rehacer deconstruyendo para así tener una visión diferente de todo.

Sin duda, lo que más me entusiasma de lo humano es la capacidad de intuir lo sagrado. Aunque no es sólo eso, en mi opinión, el arte parece un determinante ejemplo de esta intuición. Coincido con Schelling en captar el arte como la muestra de lo universal en lo particular.

                                                                                                              
II. OÍR

-Fuiste a una gran ciudad como Phoenix, la primera vez que llegaste ¿qué ruidos tuviste que asimilar? Si fueras Kubrick ¿cómo  interpretarías estas audiciones citadinas?

Con Kubrick de “basso continuo”, podría escuchar la distorsión de un sonido que, aparentemente desordenado, no es sino belleza: Varèse y Ligeti. Si sacáramos de la ecuación a Kubrick, Estados Unidos, en general, tal vez sonaría a Copland y Steve Reich, en mi opinión los compositores que mejor han recreado el espíritu norteamericano en la música: Copland con su paisajística sonora, como Emerson, Twain y Whitman en el pensamiento, novela y poesía respectivamente, consiguió definir un sentir propiamente norteamericano separado de Europa; y Reich, por su parte, es el padre de la ciudad sonora. Reich es como ir contemplando una hermosa estampa en un coche: uno tiene la sensación de que la modernidad se integra entre lo que permanece y lo cambiante, como las estaciones del año en un haiku de Basho.


-La eurocomunidad vive situaciones disonantes y complejas.  Si tomamos la música del francés Varèse y la comparamos con nuestra sociedad  ¿qué tendría que ocurrir para que ésta saliera de sus disonancias? A nosotros, ciudadanos del primer mundo, llenos de ritmos complejos, ¿dónde crees que nos duele?

En mi opinión, más importante que el cómo salir de sus disonancias es tomar conciencia de que suenan disonancias. Muchos creen saberlo pero demuestran que no es así. Al primer mundo le duele ver su negligencia humana en el espejo de los medios, por lo que creo que hemos resuelto o continuar con la banalidad o bien apagar la televisión. Un medio que contara la verdad sería demasiado insoportable para una sociedad que se niega la verdad a sí misma como norma.

-Es decir, tú piensas que nos duele la verdad o mejor, que el hecho de sabernos limitados nos hace ser unos prepotentes. Qué paradójico este sentirnos más cuando, en realidad, no somos nada en medio del universo.
Pedro, volvamos a Kubrick y a su lectura fílmica de la humanidad en “2001: Una Odisea del Espacio”. Aquí, el ritmo del tempo se aleja del “allegro” y se vuelve “moderato” hasta hacerse silencio. Sí, un silencio que nos libera de esta suerte de orgullo que nos lleva a la aniquilación. ¿Qué dices de este llegar a no oír-se?

Más que ser prepotentes, creo que hay un legítimo miedo a ser libres, a estar solos y no tener seguridad, dirigido por los más puros instintos de supervivencia biológica. La última pregunta me parece la más pertinente de todas. Esa ausencia de llegar a no oírse es, directamente, el único cáncer que devasta lo humano. Conocer el sustrato de lo que ni se oye ni se deja de oír, en mi opinión, es lo único que podemos hacer por los demás.

III. DEGUSTAR

-La comida forma parte de nuestro cotidiano y esta supone un ethos cultural ¿qué fronteras psicológicas tuviste que atravesar al comer sushi en Japón? Pedro, si fueras Murakami ¿cómo lo contarías?

El sushi japonés sabe a la educación, la lealtad y todo el refinamiento que una sociedad tan civilizada, pese a sus no pocas sombras, posee. Murakami ya lo ha contado en el margen de la ficción postmoderna poseyendo a Sofía Coppola en “Lost in Translation”. Aquí, la descripción del Tokio actual, donde toda la cultura occidental se fagocita, se fusiona con el exquisito respeto por las tradiciones milenarias desde un punto de vista extranjero. No es el Japón de los japoneses, sino el Japón que, con asombro, saboreamos los foráneos.

- Una gran mayoría de los españoles piensan que los valores están “demodé”. Pedro, ¿por qué crees que se ha llegado a este “desvalorar”? ¿Por qué algunos valores se han vuelto utopía? ¿Ha sido necesario “tocar techo” para caer en el peor de los nihilismos? ¿La escuela está preparada para afrontar estos retos sociales?

No creo tanto que se haya dejado de valorar todo, sino que han cambiado los ejes de coordenadas. Por ejemplo, un autógrafo, ahora, vale mucho. No sabría decirte si el nihilismo nietzscheano es algo nuevo. Preferiría que habláramos de nihilismo social (me temo que el individual, de alguna manera, lleva mucho tiempo entre nosotros). Si te refieres a esto, sí. Nuestras minúsculas vidas continuarán de la misma manera tanto si el sistema se deshace como si no. Lo único que me preocupa, como decía Heidegger, es la falta de preocupación. De la educación sistémica no tengo mucha opinión. Me toca sólo tangencialmente y no presto mucha atención a lo que acaba siendo burocracia o anecdótico.

-Efectivamente el nihilismo social nos lleva a un punto muerto y eso es un desastre. En este sentido nuestros gustos se han atrofiados hasta confundirlo todo. Sin embargo, oyendo la música de Manuel Blasco de Nebra que interpretas, se tiene la sensación de que a pesar de esta angustia existencial es posible, como dice Gabriel Marcel, un punto de luz. ¿Piensas que sería bueno reeducar el gusto o sería esto una especie de sutil domesticación? Por mi parte, preferiría  que nos educaran el gusto por “lo humano” como condición, “sine qua non” para salir de los puntos muertos.

Si tuviera que reeducar el gusto de alguien a la hora de percibir sonidos, significaría que lo que se escucha no es cierto. No creo que la verdad que subyace en una obra sea el filtro con el que ésta se percibe. Es más, no creo que la verdad sea necesaria o posible de explicar.


IV. OLER.

-Pedro, las calles de algunas ciudades tienen, a través de sus olores, una especial belleza. La primera vez que llegaste a México DF ¿qué emociones e impresiones tuviste al percibir los olores de la calle? ¿Cómo crees que lo apreciaría Octavio Paz?

México, en general, huele a hospitalidad y al recuerdo de lo canalla y extraordinario que dejamos allí: la picaresca y la refinada belleza lingüística. El señor Paz lo entendería, tal vez, como “la doble llama”.

-En España te has movido por ciudades como Sevilla y Badajoz ¿qué tendríamos que aprender para que los “rinconetes” y “cortadillos” no neutralizaran esos olores tan nuestros de hospitalidad y de acogida?

Tal vez lo primero sería asumir que todos, tú y yo incluidos, tenemos algo de este inconsciente colectivo cervantino. Sería improcedente ver sin verme primero. No sé si el mundo se divide en “buenos y malos” tanto como en los que saben ser poseedores de estas dos partes de su corazón y no las rechaza, como dijo Solzhenitsyn, y los que no.

-Es cierto, que no todo huele a maldad, como dicen algunos, cayendo en el más atroz de los pesimismos sociales; ni todo huele a bondad, con categorías roussonianas. Con tu respuesta subrayas que solo habrá una buena sinfonía de olores cuando no cataloguemos con “tics políticos-sociales-religiosos”, es decir,  cuando no pongamos “etiquetas” a todo lo que la persona es y hace.

Absolutamente de acuerdo. De creer en los prejuicios, este interesante diálogo-entrevista no se hubiera llevado a cabo jamás. La categoría siempre limita, aunque ya el mero hecho de usar el lenguaje sea la mayor de las categorías.

V. TOCAR.

-Las construcciones centro europeas tienen una característica especial, en sus diseños ¿cuál fue la primera ciudad europea a la que llegaste? En este sentido, ¿qué representa Andrea Palladio?

La primera ciudad fue, siendo adolescente, Lisboa (como muchos extremeños, maravillado por el  sueño de Pessoa). Palladio, por otra parte, tal vez represente la nostalgia: uno compara su trabajo con la sucesión de despropósitos urbanísticos actuales y siente que el mundo, como dice Pániker, sueña ser retroprogresivo: conservar y progresar.

-Pedro, ¿piensas que, aunque sea paradójico, no hay que perder ese punto romántico del conservar e ir, al mismo tiempo, hacia delante? ¿Crees que hay que tener más espacios donde el hecho de imaginar haga más humanas a las personas? ¿Cómo?

No creo que haya tal paradoja en conservar y progresar. Pregúntale a un psicólogo psicoanalítico cuánto tiempo le lleva recuperar una parte de una persona que nunca debía haber sido enterrada en su psique. Crecer olvidando no es crecer. La capacidad creativa, en mi opinión, está amputada por la educación gestionada por ideologías, sistemas, o políticas. Hasta la creatividad es un modo de alienación. Si entendemos como creatividad hacer lo que nos dicen que hagamos, sí, hacemos algo que no existía previamente, pero eso no es una verdadera creación. La acción realmente creativa es extremadamente compleja y simple al mismo tiempo. En cuanto al mundo imaginario, miremos a esos formidables usuarios de los videojuegos de los que Baudrillard estaría tan orgulloso. Nos están diciendo “fuera no soy yo. Lo imaginario me parece más real que lo real”. Debería darnos que pensar.

-Piensas que hemos creado unas situaciones que nos abocan a la locura, a ese “síndrome disociativos-atípico” que confunde la realidad con la ficción, ¿no es así? Estas situaciones ¿piensas que son interesadas? o mejor, ¿crees que existen “poderes perversos” interesados en llevarnos a perder el contacto con la realidad? Pedro, según dices, es mejor dar rienda suelta a la creatividad y entrar en una dinámica asistémica. ¿No piensas que esto sería como volver a retomar las utopías como necesidad? Si es así, hemos tocado fondo. Entonces habrá que renacer para palpar otra realidad de lo humano.

No creo tanto en una dinámica artística asistémica como en algo que incluyera lo sistémico y lo asistémico. Por otro lado, habría primero que definir, en un corsé metafísico, qué es real. No creo en poderes perversos, sino en buenas intenciones retroalimentadas en la ignorancia. El término “utopía” tiene, para mí, tan sólo un valor etimológico. Tal vez, cuando la gente esté preparada, como decía Morfeo a Neo en Matrix, “no nos hará falta esquivar las balas”. En ese momento, pensar en términos de utopía o distopía creo que sería completamente irrelevante.


Gracias Pedro por tus palabras en las que, de una forma sincera, nos muestras no sólo tus emociones, parecidas a esas que vas dejando entre las teclas del piano, sino también tu pensamiento sin disimulos. En este diálogo, nos has llevado al centro de las realidades más cercanas: a una visión interesante del “homo faber-socialis-religiosus”, a ese animal capaz de las mejores hazañas: las de reinventarse y renacer apretando sus miedos al oír-se haciendo silencio. Nos has acercado a algo más que a una idea de hombre: a la persona con valor. Tus respuestas han marcado el compás de lo que supone bajar a tientas, palpando, al interior de nuestras cavernas. Lo que nos has contado nos hace entender que es bueno atreverse a descender al fondo de nosotros para gustar la propia sinfonía, la inexplicable verdad de nuestras cegueras con la que tanto nos cuesta enfrentarnos.
Al final, después de esta agradable conversación, pienso que más allá de las palabras, a veces cargadas de esa ambigüedad que hace difícil el entenderse, este diálogo nos ha aproximado a esas pequeñas parcelas de la lucha de contrarios, que no a las contradicciones, al espacio “sine tempo” donde se desvela el “Dasein”, el “Ser-ahí”, como diría Heidegger.
Con esta entrevista has interpretado la sinfonía incompleta de lo humano. Probablemente esta música sea más “real” que otras. Gracias.







Esta entrevista fue publicada en Vuelta de Hoja. Este periódico digital es otra de las víctimas de los recortes. No está activa y por este motivo es difícil ver nada si se quiere buscar algún articulo. En este digital se  publicó esta entrevista a Pedro Piquero.
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