domingo, 26 de enero de 2014

Sobrevivir a los biberones.





Ayer fue la primera vez que deshice los grumos de una papilla, hasta  licuarla.
Mas tarde, hubo una segunda vez. Y comprobé la temperatura del "brebaje".
A la tercera, descubrí que todas las tetillas de biberón no sirve para papillas.
A la cuarta vez, me di cuenta que esta criatura depende de mi para sobrevivir.
Y lo mejor de todo es que  yo dependo de ella, de su cara, de sus muecas,
para sobrevivir a los biberones y a las papillas.

Nunca lo simple me pareció tan complejo.
Porque lo complejo es descender a lo simple.


De El efecto Rodrigo
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