sábado, 26 de julio de 2014

Este sábado de julio.





Hay un momento que los sonidos se confunden con la espera y el silencio con el sueño. Suele ocurrir en estos días donde los nublados forman una campana espesa hasta hacer que el calor duela. Nada que hacer ante estas sensaciones. Ni siquiera el comer alivia del desasosiego. A lo mejor, una sonrisa o la caricia generosa. Porque el ser humano, mitad agua mitad otros elementos, reclama  algo más que la brisa como remedio eficaz para sacar el cuerpo de sus confusiones. De momento, estamos en el letargo áspero de este sábado de julio donde todo parece confundirse. Incluso para algunos es un sábado aciago después de haber pasado una madrugada terrible. Qué tremendo se vuelve el sábado para algunos que la vida y sus caprichos castiga sin motivos. Y lo cierto es que para unos y para otros no hay milagro ni consejos certeros para remediar el imponderable temporal ni siquiera  que  refresque. Y la vida continúa.
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Tiene Lisboa sonidos de agosto