domingo, 2 de agosto de 2015

Un juego de ballenas y peces imaginarios.



Rodrigo ha comenzado sus primeras clases de natación. Una experiencia que le devuelve a la primera sensación, a la memoria inicial. Ahora tiene que saltar, zambullirse y dejarse llevar por la corriente blanda. Las palabras sobran en esta emoción contenida mientras pies y manos flotan. No le ha costado mantener el equilibrio mientras apretaba unos patos de juguete. 

Todo es diferente para él en esta nueva aventura donde las palabras andar, estar de pie, apoyar no tienen el mismo significado. Otro punto más en ese ir rellenando las páginas de su historia. Rodrigo aprende rápido. Toda su atención está en el juego de ballenas y peces  imaginarios que va introduciendo en su cielo particular. Ríe, habla, llora, sus movimientos son rápidos en esa piscina que le lleva a su mar primero. 

Es un regalo verle como mira los bordes donde puede “atracar” para recoger nuevos juguetes. Va de un lado a otro, sin punto fijo, como quien traza el boceto de una vida sin ordenar. Rodrigo descubre esta nueva emoción que se le pega a la piel y le envuelve, el abrazo de un elemento que no le es ajeno. Otro motivo para soñar, otra referencia para  crecer sintiendo la gratuidad de lo que le rodea


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