sábado, 6 de septiembre de 2008

EL CIELO SE PROLONGÓ EN EL AGUA

La noche abrazó la multitud
mientras la torre se iluminaba
con mágico misterio. Un circo
de rosas con sabor a tortas de maíz
ascendía artificial por el metal
de las farolas. Los flases
de mil cámaras despellejaron
la silueta de la torre. Después
nada fue igual. Trocaderos hervía
de color y lenguajes.

Mientras África vendía replicas
de Eiffel los pies protestaban
al ánimo excitado dispuesto a seguir.
Paris esperaba. Todo un rito con olor
a brisa del sur, a palabras grabadas
en el asombro de la ciudad
latiendo al son de mil luces
repartidas en el silencio.

Abajo, ajeno a la cara triangular
de los turistas, el Sena seguía
desnudándose entre los puentes.
Aguas, hartas de mirar iglesias
y palacios que arrastraban el sonido
del verano. Las estrellas se mezclaron
con las luces melancólicas
del bateau musse. Y el cielo se prolongó
en el verdinegro del agua.
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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto