viernes, 3 de abril de 2009

INSTANTÁNEA











A todos los que saben disfrutar de las horas muertas

La calle estaba vacía,
los semáforos abiertos
Nadie circulaba. El decorado
de todos las mañanas
roto por el silencio
del domingo. Pedir una coca-cola
era un sacrilegio. Al final, el olor
del guiso abrió la puerta
a la piedad del placer. Las voces
tomaron la sala y todos olvidaron
los malos momentos.
La calle seguía vacía.
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MIS VISITAS AL MUNDO

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Tiene Lisboa sonidos de agosto