domingo, 5 de abril de 2009

REFLEXIONES A PUNTA DE VERSOS.






No sé si esta carne es río o mar,
si las palabras de sus ojos son aire
de marzo o viento de un sin saber
que se pierde entre los huecos
de la habitación. No sé.



Esta es la primera estrofa de un poema que colgué hace unos días. Lo sitúo en mi padre por todo lo que su circunstancia de dolor me transmite. Con este poema intenté escribir aquello que me sugería su forma de mirar. Su mirada hace unos meses que ha cambiado. El permanece mucho tiempo sujeto a un sillón para evitar caídas debido a la rigidez muscular a la que le tiene sometido el parkinson. Me impresiona verlo como mira el paso del tiempo y aguarda lo penúltimo, en realidad me hace pensar en el penúltimo momento de la vida del ser human. Por esto, al escribir el poema pretendí subrayar con la expresión “carne”, lo efímero, adjetivada a su vez por otros conceptos que se me atojaban oportunos: el río y el mar. Los dos, muy diferentes en sus significados, me han servido para comunicar los interrogantes que esta situación me sugiere: el concepto “río”, es significativo de lo que fluye atravesando lo diferente, la corriente siempre en orillas distintas; el segundo concepto el “mar” sitúa ante la imagen del movimiento significando así la repetición de actos, como las olas, siempre desembocando en la misma playas… En definitiva, los versos desembocan en las preguntas por el sentido tiene la vida: ¿ a dónde vamos? Interrogarme, aunque parezca lo contrario, es una forma de huir del pesimismo relativista.
La estrofa continúa apuntando a la mirada convertida en palabra. Una mirada que, en el caso de mi padre, está perdida y a veces llena de ternura, otras, la mayoría, hundida en el desconcierto. Por eso esas miradas las he querido asemejar a esa fuerza, a veces dura, como el viento de marzo. Una mirada llena de incógnitas significada en ese perderse entre los huecos de la habitación.
Desde su torre vigía ( la del sillón), mi padre continuamente busca aquello que le afirme en el lugar, que le asegure en medio de ese transito de dolor al que el parkinson le tiene sometido. A veces da la impresión que se quiere agarrar a todo aquello que es querido para él: a las fotos de sus nietos,a los objetos que mi madre coloca con sencillez, a todo lo que tiene una gran carga afectiva. En realidad, cuando el ser humano se siente frágil intenta agarrarse a todo aquello que la mirada le alcanza en un intento de no perder el norte, la conciencia del lugar amado,donde se encuentra. Por eso la mirada viene a ser como una palabra sin pronunciar, un pretendido juego que ayuda a hacer más fácil el tránsito de dolor al que la enfermedad le tiene amarrado.
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