miércoles, 15 de abril de 2009

Alas de Buarcos



Como el movimiento, agua
en el cauce de las manos,
las palabras. Como fuego.

Tanta vida en los rincones,
tantas respuestas
pintadas, tanta serenidad
sobreviviendo al tiempo. Calles,
alas de Buarcos.

Sobre la mesa miradas
con nombre propio,
toda la sed de la memoria.
Un gesto trazado en el infinito
De las risas.

La mujer se fue. Olía a preguntas.

Era por la tarde, cuando los caminos
descansan, cuando los rostros
toman el color gris de las nubes
y la humedad se agacha en las piedras.
Era por la tarde cuando descubrimos,
que la felicidad tiene nombre.

Como un abrazo, aire
en el límite de la mirada,
los deseos.





Do mesmo modo que o movimento, água
no cauce das mãos,
as palabras. Como fogo.


Tanta vida nos cantos,
tantas respostas
coloridas, tanta serenidade
sobrevivendo ao tempo. Ruas,
asas de Buarcos.


Sobre a mesa olhadas
con nome próprio,
toda a sede da memória.
Um gesto traçado no infinito
dos sorrisos

A mulher tinha-se ido. Cheirava a perguntas.

Foi à tarde, quando as estradas
se deitam, quando os rostos
apanhan a cor cincento das nuvens
e a humidade se agacha nas pedras.
Foi pela tarde quando descobrimos
que a felicidade tem nome.


Do mesmo modo que um abraço, ar
no limite da olhada,
os desejos.
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Tiene Lisboa sonidos de agosto