
Los silencios le amordazaron el gesto
al reclamar abrazos por los rincones.
No perdía la fe.
Agarrado a los bordes del tiempo, limó
asperezas sin dejar que el pensamiento
le robara el alma.
Solo, huérfano de caricias, descubría
otras flores sucumbiendo a la ignorancia
de su especie.
En las ventanas, el ruido de la calle
dibujaba mapas extraños.

1 comentario:
Es preciosoooooooo!
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